Nanopartículas gallegas para salvar las obras de arte contemporáneo

Un proyecto europeo de nueve millones de euros con participación de la USC intenta frenar el deterioro de las esculturas modernas realizadas con plásticos

Degradación desde 1995 hasta el 2013 de la obra «Nemeas Limón», una escultura de Leiro.
Degradación desde 1995 hasta el 2013 de la obra «Nemeas Limón», una escultura de Leiro.

redacción / la voz

Más de dos mil años después, la Venus de Milo todavía puede contemplarse en el Louvre de París. La estatua de mármol resiste al paso del tiempo, con alguna que otra restauración de por medio, pero el arte contemporáneo es mucho más efímero. No por su valor artístico, sino por la calidad de sus materiales. La piedra, el mármol, el metal o la madera tradicionales han dejado paso a otros soportes de base industrial más adaptados a la creatividad de los nuevos artistas, pero que se degradan en pocos años. Se vuelven amarillentos, pierden su flexibilidad, se agrietan e incluso se rompen al cabo de dos o tres décadas, o puede que antes, lo que acaba convirtiéndose en una pesadilla para los restauradores, además de poner en auténtico peligro importantes colecciones de arte moderno de todo el mundo.

Es un problema muy serio al que la ciencia sale ahora a su rescate gracias a la nanotecnología. Lo hace de la mano del proyecto europeo NanoResART, financiado con nueve millones de euros a cargo del programa Horizonte 2020 de la UE que involucra a 25 socios de casi toda Europa y Estados Unidos, desde universidades, centros de investigación, museos y empresas. Buena parte de la solución llegará del grupo del Centro del Investigación en Quimica Biológica y Materiales Moleculares (Ciqus) de la Universidade de Santiago liderado por Massimo Lazzari, que centra su trabajo en el desarrollo de sistemas que bloqueen la oxidación de los nuevos materiales, fundamentalmente plásticos, y en la creación de métodos de diagnóstico que permitan predecir de forma temprana el deterioro de una determinada obra de arte, sobre todo esculturas.

Fragilidad

«En las últimas décadas-explica Lazzari- los artistas están trabajando con materiales nuevos, de plástico industrial, que habían sido diseñado para otros usos y a los diez años ya empiezan a deteriorarse, amarillean y se vuelven frágiles». Se usan plásticos de todo tipo, desde los convencionales, al caucho o resinas que originalmente se emplean para el casco de los barcos.

¿Cuál es el problema? Que son compuestos orgánicos que acaban oxidándose ante la presencia del aire. «Su mecanismo de deterioro es el mismo que el de cualquier material orgánico, incluidos nosotros, los humanos», apunta Lazzari. De lo que se trata ahora es de detectar en sus fases iniciales las sustancias que se forman por el efecto de la oxidación y conseguir bloquear el proceso mediante clústeres de nanopartículas -agrupaciones de átomos más pequeñas aún que un nanómetro, la mil millonésima parte de un metro- que logren atrapar los radicales libres responsables de la oxidación. «Lo que tratamos es de bloquear los radicales que se forman durante el envejecimiento del plástico», constata el investigador del Ciqus.

El equipo gallego ya tiene experiencia en este campo porque ha trabajado con esculturas deterioradas, algunas ya irrecuperables, cedidas por el Centro Galego de Arte Contemporáneo (CGAC) de Santiago, institución que, en principio, no participa en el proyecto europeo. Sí lo hacen museos como la Tate Gallery de Londres, el Guggenheim de Venecia, el Rusk Musseum de Ámsterdan, el Museo Nacional de Dinamarca o el Art Institute de Chicago que, en colaboración con sus restauradores, pondrán las obras de arte a disposición de los científicos.

También participan empresas que serán las encargadas de desarrollar a escala industrial las soluciones aportadas por los investigadores. Aparte del equipo gallego, la otra institución española representada en NanoResART es el Instituto de Patrimonio Cultural Español.

Las nanopartículas son, en cierto modo, la última esperanza para salvar determinadas obras de arte contemporáneo y evitar, de paso, la pérdida de millones de euros. A diferencia de las obras clásicas, las esculturas realizadas con plástico industrial son totalmente irrecuperables si el deterioro está en fase avanzada.

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