Un balance que admite mejoras

Elisa Álvarez González
E. Álvarez SANTIAGO / LA VOZ

SOCIEDAD

Santi M. Amil

Pagar las recetas en función de la renta es una medida lógica, pero deberían hacerse ajustes para que sea más equitativa

21 jun 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando empezó la crisis comenzaron a tomarse medidas de reducción del gasto sanitario, muchas de ellas casi sin analizar las consecuencias o el esfuerzo presupuestario que implicaría ponerlas en marcha. El Real Decreto 16/2012 englobó la mayoría. Aunque el copago existía en la práctica, esta norma estatal universalizó la palabra. Copago en la ortopedia, en las ambulancias no urgentes, en los productos dietoterápicos, en los medicamentos que se recogen en el hospital, y retirada del derecho de la asistencia sanitaria a las personas que no tienen la condición de aseguradas. De estos cinco ajustes solo se aplicó el último. Y hace unos meses se rectificó. Es decir, ninguno se ha mantenido.

Solo el nuevo copago de las recetas sigue en vigor, y hay que reconocer que el copago existía ya. Los pensionistas no pagaban y los activos sí. Es indiscutible que dar las recetas gratis a los 1.702 jubilados gallegos que cobran más de cien mil euros al año, y cobrarles un 40 % por los fármacos a los parados, muchos sin prestación, no es equitativo.

El grueso del gasto, además, está en los pensionistas, por lo que introduciendo una pequeña aportación farmacéutica en este colectivo el ahorro es considerable. Pero las voces de alarma no tardaron en levantarse. Ocho euros al mes de cuantía máxima por los fármacos no es mucho, pero sí en una comunidad con las pensiones más bajas del Estado y que con la crisis se han convertido en las sustentadoras de muchos hogares. Si los pacientes dejan de tomar los medicamentos, el supuesto ahorro se convierte además en un mayor gasto asistencial, que se suma al empeoramiento de la salud.

Un 19 % no retira las medicinas

Este riesgo a la no retirada de medicamentos de las farmacias obligó al Servizo Galego de Saúde a hacer un estudio sobre los fármacos que no se recogen en las boticas pese a estar recetados. El informe se hizo en función de los distintos copagos. Los resultados no fueron concluyentes. Los pensionistas que ahora pagan el 10 % por las medicinas dejan sin retirar más recetas que los exentos, pero la diferencia es mínima. Los primeros se dejan en las boticas el 19 % de los fármacos, y los que no tienen que pagar nada casi el 17 %. Además, la diferencia varía mucho entre medicamentos, y los que tratan patologías crónicas se retiran mucho más que los que se toman a demanda, como pueden ser los analgésicos o antiinflamatorios como el ibuprofeno. Más consecuencias ha tenido, denunciaban los farmacéuticos, la exclusión de fármacos de la financiación pública, lo que obliga a pagarlos íntegramente.

Más intervalos

Un nivel de renta para calcular el copago de los medicamentos no deja de ser un elemento coherente, pero siempre se dan casuísticas que pueden optimizarse. En estos momentos hay dos situaciones que deberían mejorarse. Una es que se aplique el mismo porcentaje de copago a una persona que gana 18.000 euros y a otra que gana cien mil, cuando la diferencia salarial es abismal. La segunda es la posibilidad de plantear topes mensuales, como ocurre en el caso de los pensionistas, para los activos, ya que un trabajador que no alcance los 18.000 euros deberá pagar el 40 % de las recetas siempre, por muchas que necesite.