Ocho alumnos ourensanos diseñan y construyen un coche de inercia para un concurso educativo nacional de talento, creatividad y espíritu empresarial
12 jun 2015 . Actualizado a las 09:51 h.Los negocios son mucho más complicados que la ciencia. Lo certifican los ocho alumnos del colegio Maristas Ourense que el día 20 representarán a Galicia en el concurso Hiperbaric Challenge con un vehículo de inercia que han diseñado, financiado y desarrollado ellos mismos.
Estos constructores de «carrilanas de alto standing», como les gusta definirlas, son mucho más que estudiantes brillantes con mentes inquietas. «Emprendedores del presente» les llamó ayer uno de sus patrocinadores. Y ello a pesar de estar todavía en la ESO y no rozar siquiera la mayoría de edad.
La técnica no ha sido un obstáculo significativo en un camino que comenzó en diciembre y que ayer dio un paso de gigante con la presentación pública del coche. La economía, en cambio, les ha dado más quebraderos de cabeza.
Diseñar y construir una carrilana, aunque sea de lujo y tenga la estética de un fórmula 1, ha sido la parte suave del proyecto. Visitar despachos, descolgar teléfonos y conseguir complicidad financiera, la más compleja.
El vehículo, que puede llegar a alcanzar los 100 kilómetros por hora valiéndose simplemente de la fuerza de la gravedad, ha consumido 2.500 euros de los 6.500 del presupuesto total. Transporte, mercadotecnia, pruebas, protocolo, viajes... se comen el grueso del pastel.
Porque esto, aunque pudiera parecerlo, no es el entretenimiento de ocho chicos listos jugando a carreras de coches. Es, en palabras de la empresa impulsora del concurso, «un desafío educativo para el desarrollo del talento y la creatividad».
El reto, y no sería poco, no es el desarrollo técnico de un vehículo que vaya más rápido que los demás en una competición de la Federación de Deportes de Inercia. Lo complejo es hacerlo con un enfoque empresarial: diseñar un plan de negocio, buscar la financiación, dar con el taller adecuado, asumir la organización de eventos, acertar en el reparto de funciones, publicitarse adecuadamente... Actuar, en definitiva, como una empresa de verdad en un mercado donde los negocios se hacen en euros y no en cromos de recreo.
En ese aspecto está el elemento diferenciador de un proyecto que, por sí mismo, semeja especialmente atractivo para cualquier adolescente. Anxo Carpintero será el conductor en la prueba de Burgos y ayer, sentado entre la reluciente carrocería de acero al carbono, fue la envidia de todos sus compañeros de la ESO, que atiborraron con su entusiasmo y sus aplausos el pabellón de deportes del colegio Maristas.
Como en el mundo real, fueron los ocho alumnos los encargados de organizar el acto de presentación en todos sus detalles, desde los contactos con patrocinadores a la presentación y puesta en escena.
Cada uno ha recibido de este proyecto algo distinto en función de su trabajo, pero todos, asienten, han aprendido a trabajar, de verdad, en equipo, a cumplir con cada parte para que el todo funcione.
Relacionarse con el mundo real ha sido el auténtico descubrimiento para unos chicos que ya en 2014 diseñaron un sistema antirrobo para mochilas y un lanzador parabólico para mejorar la didáctica en las clases de Física. Ahora, ellos son el único y potente motor de un coche de inercia que luce como un fórmula 1.