La Cenicienta


Pretty Woman acaba de cumplir veinticinco años y, en ese cuarto de siglo, ha acumulado récords sinfín, entre ellos el de su infalibilidad en la parrilla televisiva. Decenas de pases después de su estreno, el espectador rendido al cuento de Cenicienta no se cansa de ver a Edward trepar torpemente por la escalera de incendios para besar a Vivian. La certeza de conocer el final no parece haber hecho mella.

La sorpresa está sobrevalorada como imán para el espectador. Esta semana, otra Cenicienta confirmó en el grotesco GH Vip de Telecinco que no es preciso impactar al espectador con resoluciones inesperadas. Basta con darle lo que quiere para que se quede adherido a la pantalla hasta las dos de la madrugada. No hacía falta ser el notario de la votaciones telefónicas para apostarlo todo a la victoria de Belén Esteban. El guion de esta edición del reality se escribió para que ella se luciera como estrella principal ante secundarios que le dieran juego. Por algo es una de las principales generadoras de contenidos y conflictos de Telecinco, que no morderá la mano que le da de comer. El the end de este concurso tan odiado como amado, con la protagonista donando a obras benéficas un premio que habrá cobrado generosamente por detrás, bien podría haberlo firmado el guionista de Pretty Woman. La película confirmó a Julia Roberts como novia de América; el reality coronó a la diva de Sálvame como dadivosa princesa del pueblo.

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