Denunciarán a las «doulas» a la Fiscalía si Sanidad no las controla

El consejo de enfermería alerta del riesgo que suponen para madres y bebés


madrid / colpisa

Ofrecen servicios de acompañamiento a las gestantes en el parto y el puerperio, y aunque carecen de formación especializada y reconocimiento profesional legal, cobran desde los 50 euros por hora hasta los 1.200 por un servicio completo, pasando por los 500 solo por el nacimiento, siempre en negro. Según el informe La verdad sobre las doulas, elaborado por el Consejo General de Enfermería, hay 547 mujeres que ofrecen en Internet estos servicios, pero solo cuatro son enfermeras y una, matrona.

Máximo González Jurado, presidente del Consejo Estatal de Enfermería, presentó ayer el informe y amenazó con llevar ante la Fiscalía a este colectivo por intrusismo -según el estudio vulnera hasta 8 competencias generales de las matronas, 10 competencias específicas y 42 subcompetencias-, delito fiscal -no declaran los beneficios derivados de su actividad- e incluso por poner en riesgo la salud pública. Según dijo, el Ministerio de Sanidad «ha hecho caso omiso de la denuncia».

Monitoras de danza, geógrafas, publicistas, periodistas, antropólogas, sociólogas, terapeutas o profesoras de yoga. Estos son los perfiles profesionales de las doulas que, según los enfermeros y matronas, siguen las pautas de líderes que son auténticos «gurús» o «chamanes», figuras «casi sectarias», cuya preparación profesional no se encuentra regulado en ningún marco jurídico, ya que esta figura no existe legalmente en España ni en la Unión Europea. Entre los que imparten los cursos para ser doulas valen abundan los que se define como «sacerdotisas de la rosa blanca, renacedores certificados o expertos en yoga de la voz».

Cocinar la placenta

Algunas de las prácticas que los profesionales de la enfermería denuncian consisten en métodos pseudocientíficos, basados en informaciones falsas, como quemar el cordón umbilical tras el parto, mantener al recién nacido unido a este durante diez días pese a su putrefacción, congelar cápsulas de placenta para usarlas en la menopausia, cocinarlas y comerlas e incluso recomendar a la embarazada que no permita los exámenes ginecológicos o vacunar al recién nacido.

Los expertos alertan respecto a los peligros de ser asistida en el parto y puerperio por personas sin formación sanitaria adecuada, que ofrecen información confusa, aconsejan posturas erróneas que comprometen la oxigenación del bebé, rechazan la monitorización del niño -lo que impide controlar su frecuencia cardíaca y puede derivar en bradicardia-, y dificultan la identificación de complicaciones como la subida de la tensión arterial durante el embarazo, la inversión o atonía uterina o una posible desintegración de los glóbulos rojos del bebé. Errores que pueden llegar a poner en peligro las vidas de la embarazada y su hijo.

Estados Unidos las puso de moda

El término «doula» procede de la Antigua Grecia y hacía referencia a una mujer que prestaba servicios, aunque en la época tenía un carácter peyorativo, asociado al esclavismo. Ya en 1973 la antropóloga médica estadounidense Dana Raphael utiliza el término en el contexto de la lactancia materna de las primerizas, cuyo éxito en ciertas poblaciones parecía depender del apoyo de otras mujeres, procedentes a menudo de familias diferentes a la de la madre. El vocablo «doula» tomaría su connotación actual en 1993, tras la publicación de un libro de Marshall Klaus y John Kennell, que define a estas mujeres como asistentes, no solo durante el parto, sino también a lo largo de la gestación y el posparto. En España, sin embargo, solo se considera personal sanitario cualificado para la atención profesional al parto a matronos y/o ginecólogos, que tienen estudios reglados muy específicos.

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