No hay como la primera vez

SOCIEDAD

Cafetería Continentale de A Coruña
Cafetería Continentale de A Coruña MARCOS MÍGUEZ

Casi todos tienen 17 años... Y así será su primer Fin de Año. Te lo cuenta YES, la revista gallega de Gente, Creatividad y Tendencias

28 dic 2014 . Actualizado a las 18:50 h.

Voy a intentar escribir este reportaje con los ojos cerrados antes de que me dé un pastorasoler y el miedo escénico me impida acabar como debería, es decir, con ilusión, lo que arranca con el vaivén de la memoria que todo lo destroza. ¡Uf, aquella primera vez fue demasiado delirante para hacerla pública! (Ahora que mis padres me tienen por una mujer formal no es para revelar las miserias de las noches que empiezan bien y mal acaban) cuando solo se tienen 17 años. Esa es la media de edad del estreno findeañero y solo hay que verles las caras a estos chicos para entender que cualquier tiempo pasado no cuenta en su agenda fiestera. Su noche, su primera noche, será la del 2015. Y como todos los que viven permanentemente en vísperas la están disfrutando por adelantado que es la única forma conocida de ilusión. Lo han apostado todo al antes y dejan para la noche de las uvas el postureo de verse y dejarse ver. Ellas aún no se han equilibrado en la aguja que las sostendrá más de 14 horas de pie (si aguantan) y sus movimientos pendulares aún las delata en la novatada del punta tacón. Pero como se lo saben todo algunas se asegurarán el baile con un cambio cómodo de calzado y otras se aferrarán al «para presumir hay que sufrir». «Venga», le anima mi compañero fotógrafo, Marcos Míguez, a uno de los chicarrones, «¡abre el champán!».

Pero el titubeo es desconcierto: «¿cómo? ¿Cómo se abre?». Por el momento aún son sus padres los que dirigen la ceremonia de la noche en casa, ellos solo piensan en lo que vendrá después. Y el champán no es de su gusto. No lo prueban. Ni pueden, claro, porque son menores de edad. ¿O no? A Alejandra, Cristian, Laura, Claudia, Marta, Alicia, Santiago, Nuria, Lorenzo y la otra Laura les da la risa. Mucha risa cuando les pregunto si beberán alcohol durante la fiesta. La mayoría se estrenarán en esas «galas» de tiros largos que celebran los clubes y sociedades repartidas por toda Galicia.

En el Náutico, la Hípica o el Casino, de A Coruña, en el Mercantil, de Vigo, en el Círculo das Artes, en Lugo, en el Casino pontevedrés, aunque en Ourense la recién abierta discoteca Lázaros será el referente. Y según cuentan como son menores no les servirán alcohol. «En el Náutico nos cuesta 38 euros la fiesta, tenemos barra libre, pero nada de copas...». Siguen las risas que ya son carcajadas. Se vienen arriba y empiezan a soltar las mezclas exóticas que dominan: vodka con maracuyá y ginebra con limón (¿qué fue de aquel Malibú con piña? ¿El licor de melocotón con Nestea? ¿El licor 43 con Cacaolat?). La primera vez es pastosa y puede marcar el empacho para siempre de una marca. Sí. Como dice mi compañera Begoña R. Sotelino desde Vigo, el clásico en la peor noche del año para salir es debutar con «cogorzas vergonzantes». Están alertados. Y se ríen más. «Sí, sí, todos nos avisan de que no es lo que te esperas, pero no es lo normal, no es lo de siempre, nosotros la vamos a vivir a tope», dice una de las chicas. Por si acaso ellas llevan un mes (leen bien), un mes, con un grupo de WhatsApp que han rotulado como Fin de Año para mostrar los modelitos candidatos a lucir. La clave es no repetir, pero viéndolas a todas juntas da la sensación de que precisamente de lo que se trata es de eso. ¿Repetimos? Triunfa el mono pantalón negro y el pelo suelto. Para ellas Mango y Zara son una continuación de su armario. Ellos se ajustarán la pajarita porque en la mayoría de estas fiestas de salgoalolocoporprimeravez (también en la de los pubs en los que se paga entrada anticipada) exigen etiqueta. Hay rutas, como las de Santiago, en que no. Se puede ir saltando de bar en bar, pero ojo, que prohíben la entrada a menores de 18 años. «Con eso hay que tener cuidado -explica Cristian- el año pasado hubo gente que pagó la entrada y después no la dejaron pasar porque ya estaba todo lleno».

Pero muchos, aun así, se arriesgan al abuso de la oferta. «En el Playa, en A Coruña, pagas 40 euros por varias fiestas: la de Fin de Año, la de Reyes, la de la Apertura del Curso universitario...». El reenganche va así y además le ponen título: «Esa noche ninguno tiene novia». Y se aplauden por la ocurrencia. (Habrá gatillazo seguro, les augura una voz con experiencia, pero se ríen tanto que terminan haciendo una oda a la precocidad con burla). Así que una de las chicas le pone el punto sensato. «Mi madre lo único que me dice es que esté atenta a la bebida -me chiva Alejandra al oído- porque me pueden meter algo en la copa. ¡Pero qué voy a estar todo el tiempo con la mano encima del vaso!». Algunos ya han vivido alguna mala experiencia de tener que llamar a una ambulancia por el descontrol ajeno. «Sí que pueden darte de beber de otra copa y hay que tener cuidado, a una amiga nuestra le pasó». Por eso en algunas fiestas, como la del Círculo das Artes, en Lugo, hay un médico de emergencias para tranquilidad de las familias, aunque está totalmente prohibido vender alcohol. Su bolsillo por el momento lo llenan sus padres. Que pueden ir empezando a soltar billetes. 50 euros mínimo por criatura solo para el baile y las bebidas (la Cocacola esa noche puede llegar a los 5 euros) y para muestra algunas de las guindas que se ofrecen en Santiago: en el Blaster la barra libre va a 45 euros (incluida la entrada y la consumición en Ruta y el chocolate con churros en el Krystal); y en LP45, en Ordes, (la entrada anticipada vale 12 euros (con bus, 20 euros y en taquilla 15 euros), pero bien lo vale si toca el Combo Dominicano.

Al frío del mañaneo

Ya con el rímel corrido y el pintalabios descolorido el retoque es cuestión de un buen chocolate. La Paloma, Bicos, el Cafetín y los Dulces de Leche son los clásicos de Pontevedra (en Ourense, Cándido, por supuesto), y en Vigo Bonilla y Valor. En A Coruña todo es un poco a lo que «surja» desde que Bonilla y el Timón cierran, pero en Torre Esmeralda lo pueden saborear si se pelean un poco. Ninguno de los chicos busca otra opción para el desayuno, aunque todos quieren llegar al mañaneo (algunos se animarán a ver el entrenamiento del Celta o cogerán el autobús para la feria de Betanzos) sin más presión de horario que sentarse en la comida familiar. «No tenemos hora de llegada, pero sabemos que el límite es el mediodía», cuentan. Quien dice la mesa dice el sofá (hay quien se animará -y lo lanza en voz alta- al reenganche el día después), y algunos dormirán juntos: «Las chicas con las chicas y los chicos con los chicos», matizan con el descaro que se ve de lejos. Lo tienen todo planeado y lo mejor es que nada les saldrá como imaginan. ¿Pero quién no repetiría la ilusión de la primera vez? ¡Un brindis por ellos!