Federico Martinón es pediatra en el Complejo Hospitalario Universitario de Santiago y además forma parte del grupo que participó en la investigación de la vacuna del meningococo B. Asegura que lo que está ocurriendo, como ya sucedió con la varicela, «es un desastre total». Y lo dice porque al final se consigue el efecto contrario a lo que pretende el Ministerio de Sanidad. El motivo para no autorizar la venta libre tanto de esta vacuna como la de la varicela en las farmacias es, según el Gobierno, controlar las coberturas de vacunación entre la población infantil. Pero lo que ocurre es que si los padres adquieren la vacuna en otros países o por Internet «nos ponemos en el peor de los escenarios». No solo por el hecho de que se garantice o no la cadena de frío o que se administre bien al menor, sino «porque no sabremos quién está vacunado y quién no, no se sigue el circuito oficial, y ni siquiera sé qué tipo de cobertura legal habría si surge un problema con la vacuna». Al final, lamenta Martinón, probablemente haya un registro de la población vacunada, «porque no sabemos si consta en el historial sanitario», explica.
Los pediatras están completamente a favor de la vacunación contra el meningococo B «pero no a cualquier precio», aclara Martinón, quien incluso lamenta que la recomendación de los pediatras pueda hacer pensar a los padres que la solución es adquirir la vacuna en otro país.
Vacunación muy pequeña
Las recomendaciones del Ministerio para vacunar frente al meningococo B afectan a un porcentaje de población muy pequeño, ya que se trata de niños con un riesgo muy alto, por lo que el impacto en la enfermedad a nivel general es muy escaso. «La única forma de tener un impacto sobre la enfermedad es la vacunación universal», concluye Martinón.
La incidencia de la meningitis es baja, un caso por cien mil habitantes y año, aunque en los menores de dos años baja a 37 casos por cien mil. En el 80 % de los casos se trata del serogrupo B, y pese a que es una enfermedad de poca incidencia, tiene una letalidad alta, uno de cada diez casos. En tres de cada diez, además, hay secuelas.