¿Por qué los 29 es la mejor edad de la vida?

Un estudio británico revela que un año antes de cumplir 30 años somos más interesantes y populares de lo que fuimos o seremos nunca más

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Podría ser un estudio más, de esos que acaban pasando desapercibidos, pero nos ha gustado. Y también al resto del mundo. La encuesta en cuestión, de la que se han hecho eco varios medios internacionales, revela que en ningún momento de nuestra vida somos más interesantes ni más populares que cuando tenemos 29 años. Somos «la generación más preparada de la Historia», la que todavía vive con sus padres, la de los parados de larga duración, la de las ratas de laboratorio de la LOGSE, pero tenemos algo bueno: rondamos, año arriba, año abajo, los fantásticos 29.

Si el de los 27 es el club de los artistas atormentados, adictos a los barbitúricos y a las jeringuillas, el de los 29 es el de los populares, el de las redes sociales bien nutridas de peticiones de amistad y el del magnífico descansillo entre la juventud -los campamentos de verano, el instituto, la vida universitaria, los veranos al sol- y la vida adulta -la responsabilidad-. El estudio ha escarbado entre los contactos de los veintinueveañeros y ha descubierto que un año antes de cumplir 30 tenemos un 30 % más de amistades o conocidos -según nuestro nivel de tolerancia al prójimo- que en otros momentos de nuestro recorrido vital. Conservamos todavía el contacto con los colegas de la facultad, pero ya hemos ampliado el círculo al ámbito laboral -los más afortunados- donde la mayoría, entre teclados y monitores de ordenador, consiguen encontrar amigos para siempre.

El colectivo estudiado -1.505 ingleses- pone cifra a nuestra cartera de amigos: 64 de media, un número que se antoja incluso pobre si echamos un ojo a la cantidad de contactos que tenemos en Facebook. Pero es que, además de nuestros protegidos por la nostalgia que nos acompañan desde niños, y de los compañeros de oficina, a los 29 años tenemos otro frente abierto de confraternidad, el de los bares. Y también las actividades sociales, como los deportes en grupo. Hay incluso, revela el sondeo, quien en esta edad tiene también abiertas las puertas de sus redes sociales para, valga la redundancia, socializar, entablar amistad con otros usuarios. Y otro importante factor, la vía sentimental. A los 29, muchos cuentan ya con pareja estable y acaban formando parte de la vida de la gente cercana a la otra persona.

La investigación, elaborada por un empresa de alimentos, establece además un segmento con ventaja entre los afortunados que hayan nacido en el año 1985. Los que trabajan en márketing son mucho más «guays» que el resto al estar más predispuestos a hacer amigos que sus contemporáneos. Les siguen los cocineros, los militares, los artistas, los diseñadores y los que se dedican a la gestión de los recursos humanos.

Hay otros motivos secundarios, ajenos al estudio, que podríamos poner encima de la mesa para agudizar la crisis de cumplir 30. Ahí van algunos. A los que tienen 29 aún «no se les ha pasado el arroz», están en el periodo políticamente correcto para disfrutar de la soltería y la liberación de cargas familiares. Aún pueden echarle cara a la vida: ir a comer a casa de mamá, llegar a casa después de amanecer, tener noches desastrosas y convencerse (una vez más) de que no volverá a pasar. Las resacas todavía no les duran dos días. Pueden optar a ayudas públicas que se acaban cuando aparece la cifra 3 en el horizonte. El cuerpo, de momento, no les pide demasiado ejercicio. Las arrugas no se les ven si uno no se fija con detenimiento. Aún no parecen ridículos si se visten con camisetas de grupos de música. Y que les llamen señor todavía les hace gracia. Que disfruten. Luego todo, incluso los colegas, ya lo dice el estudio, empieza a menguar.

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