Las especies que niños (y no tan niños) pueden descubrir en las pozas de los arenales
04 ago 2014 . Actualizado a las 15:10 h.Son muchas las actividades que se pueden practicar en una jornada de playa, más allá del relax que proporciona pasar las horas en una tumbona o en el chiringuito. Pero, sin duda, una de las aficiones preferidas por niños (y no tan niños) es la de explorar las pozas que se forman en la orilla o entre las rocas e investigar todo aquello que tiene vida. A pleno sol, ataviados con sus cubo y, ahora que la moda lo avala, con unas buenas fanequeras, pasan los largos días de verano muchas familias gallegas. Pero ¿qué se puede ver exactamente en las charcas?
En aras de tranquilizar a madres y padres que sufren viendo a sus criaturas escudriñar la fauna que habita las rocas, sin perder detalle del aleteo de los lorchos y demás inquilinos de las charcas que quedan a la vista cuando baja la marea, hay que aclarar que a penas existen moluscos, peces o bivalvos en las playas de Galicia que representen un peligro serio. A excepción de las consabidas fanecas bravas (escarapotes) y anémonas que, junto a los erizos de mar, forman el eje del mal, a evitar si no se quiere terminar en la caseta de socorro. Asimismo, se recomienda precaución si uno es de los que piensa que «somos lo que comemos», porque la zona de la que cogemos un producto que en principio es comestible, quizá no esté del todo limpia.
Extractos para embutidos
La diversidad de flora y fauna que ofrecen las riberas gallegas es un aliciente para residentes y turistas, especialmente la de las rocas. Los niños pueden descubrir un mundo formidable gracias a cangrejos (queimacasas, ermitaños...), moluscos (mejillones, lapas, minchas), bellotas de mar, que suelen colocarse cerca de los mejillones, y hasta ¡lapas transexuales! En cuanto a las algas, la cantidad y pluralidad de las que tenemos en las rías es digna de la mejor de las ensaladas japonesas, con especies como la laminaria o la Undaria. Incluso, por extraño que pueda parecer, en las rocas de nuestras playas suele quedar a la vista un alga rojiza (Chondrus crispus) de la que se obtienen extractos para elaborar sopas preparadas e incluso embutidos.
Por mucho que nos estorbe el jardín marino cuando por fin decidimos zambullirnos, lo cierto es que nuestras aguas son puro nutriente gracias en parte al fenómeno del afloramiento. Este consiste en el traslado del agua superficial hacia el interior del mar, lo que lleva al líquido del fondo a subir a la superficie, y con él afloran también los sargazos cargados de riqueza. Este fenómeno, como contrapartida, produce también un notable descenso en la temperatura del agua que afecta sobre todo a las costas del sur de Galicia, pero ¿qué emoción tiene el disfrute si no le precede un poquito de sufrimiento?
Se mira pero no se toca
En cualquier caso no hay que desaprovechar la oportunidad de recrearse observando cualquiera de las más de seiscientas especies que habitan nuestras costas, pero sin perder de vista jamás el respeto al medio ambiente. Incluso en plena faena, trueiros en mano, nunca hay que olvidar que en la playa, como en los museos, se mira pero no se toca, que hasta un espagueti de mar (que, por cierto, ¡sabe a crustáceo!) tiene también su corazoncito.