Alaska, la más riquiña

La cantante es la más icónica e irreverente, una artista que se ha reinventado miles de veces. Así la define la directora de Sálvame Deluxe en la revista de Tendencias YES


A una isla del Caribe, he tenido que emigrar, pero no para trabajar de camarera, lejos, lejos de mi hogar, de mi hogar. No cumplo al pie de la letra la mítica canción de Siniestro Total pero sí, estoy en una isla del Caribe viviendo como en verano pero en pleno invierno. Un sueño. Mientras no paran de entrar temporales y ciclogénesis explosivas por el noroeste y el Cantábrico, aquí brilla el sol y estoy muy, muy estresada decidiendo entre playa o piscina, jacuzzi o catamarán, entre cocoloco o margarita, entre protección solar total o solo de 50. Un horror todo. Parece increíble que el tórrido océano que baña estas playas sea el mismo sobre el que flotan las Cíes. A cambio nuestro marisco sabe a gloria. Nadie lo tiene todo. Yo de momento me conformaré con pasar siete noches en este paraíso, lejos de las tensiones del plató, descansando de las Aguasantas del momento, sin saber a ciencia cierta si Rosa Benito volverá o no a Sálvame. A más de diez mil kilómetros de mi cotidianeidad. Maravilloso. Me he cogido vacaciones de todo menos de estas líneas así que aquí estoy cumpliendo en bikini y bajo un cocotero.

Precisamente porque vivo a cinco horas menos que en España, anoche pude seguir en directo la entrega de los Oscar sin tener que aplicarme hoy antiojeras ni atiborrarme de cafés. Como el jetlag no me dejaba dormir, llegué muy fresca hasta el final de la retransmisión. Nada que ver con mis primeras ceremonias cuando era una niña y vivía en la calle Zamora de Vigo. Siempre he sentido una devoción ciega por esa alfombra roja y esas estrellas. Por eso me las apañaba para poder pasar en vela la noche del reparto de estatuillas mientras todos dormían en casa. Aguantaba el sueño embelesada por la emoción de los ganadores, de sus discursos dorados premio en mano. Y en cuanto entregaban el último, el de mejor película, apagaba la tele y me metía a hurtadillas en la cama. Minutos después sonaba el despertador que mandaba a mi padre a la factoría. Él madrugaba mientras yo soñaba con dedicarle un Oscar. Tenía todo un año por delante para preparar mi discurso por si me tocaba recoger mi estatuilla en la próxima edición. Mi espejo favorito para ensayar mis agradecimientos era el del baño del pasillo. Allí lo daba todo. Seguro que la emoción desbordada de Lupita Nyongo al recoger su Oscar vestida de princesa la había imaginado millones de veces antes en su cabeza y ante uno de los espejos de su casa.

Al igual que Cate Blanchett, Jared Leto o Matthew McConaughey. Incluso Ellen Degeneres, que aún no tiene ninguna estatuilla pero sí muchos miles de dólares frescos gracias a la publicidad encubierta de la marca del smartphone con el que se hizo la foto más retuiteada de la historia. Qué lista la tía. En fin, mientras Hollywood me descubre y destrono a Penélope Cruz que entregó dos Oscar del brazo de Robert de Niro, uno de mis grandes ídolos, me conformo con estrellas más domésticas pero a las que también admiro y tengo la suerte de conocer gracias a mi trabajo. Entre ellas, brilla por riquiña, icónica e interesante la gran Alaska. Hace unos doscientos carnavales me disfracé de ella con unas amigas del barrio. Eran sus tiempos de La Bola de Cristal.

Ya adolescente fui a verla a Castrelos, cuando estaba con Dinarama. Qué tiempos. Olvido Gara parece incombustible. Se ha reinventado miles de veces y da gusto escucharla. Siempre. En su última visita al Deluxe, sin el intenso y maravilloso Mario Vaquerizo a su vera, me volvió a hipnotizar. Le hicimos un test sobre Sálvame al estilo Pasapalabra y la pregunta que tenía que ver conmigo no la sabía. ?Empieza por V, ciudad en la que se encuentra el barrio de As Travesas donde nació la directora del Deluxe??. Alaska se giró hacia mí y se la soplé. ?¡Vigo!??. Creo que nadie conserva fotos de aquellos carnavales. Menos mal.

REFLEXIONES TRAS LOS ÓSCAR. Después de ver la gala de los Oscar, Carlota Corredera dice que se conforma con estrellas más domésticas a las que admira tanto o más que a los famosos de Hollywood. Entre ellas, en su opinión, brilla por riquiña, icónica e interesante la gran Alaska, sobre todo si no está cerca su marido, el «intenso» Mario Vaquerizo

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Alaska, la más riquiña