Erotomanía, más que una obsesión

Hay una larga lista de famosos que han sufrido el acoso de seguidores enamorados, puede llegar a ser una alteración grave de la mente y que requiera de un internamiento. Los que la sufren viven en la certeza de que la persona popular está completamente enamorado de ellos y son incapaces de ver la realidad


Qué puede haber en la cabeza de personas capaces de atacar a sus ídolos, como sucedió esta semana con el periodista deportivo Paco González o la actriz gallega Sara Casasnovas hace cinco años? los expertos aseguran que un trastorno mental grave denominado erotomanía. «Se trata de una figura clínica que se enmarca dentro de los delirios pasionales y que consiste en tener la certeza delirante de que alguien, normalmente famoso o con una relevancia muy superior, está locamente enamorado de los que sufren este trastorno y por ello atacan a aquello que se interpone entre ambos», explica el psicólogo clínico del Chuac Manuel Fernández Blanco.

El perfilador criminal Vicente Garrido añade que suelen hacer una interpretación delirante de la realidad. «Cuando los escuchan, por ejemplo, hablar en la televisión creen que se están refiriendo a ellos y que todos son señales o claves de su amor», dice. Por eso, cuando se les decepciona pasan del amor a la ira.

La erotomanía no es nada nuevo, también se la conoce como el síndrome de Clerambault, porque la acuñó el psiquiatra francés Gaëtan Gatian de Clérambault en el año 1921. Desde entonces se le ha denominado como psicosis de la vieja doncella, paranoia erótica y también ilusiones eróticas autorreferentes. Fernández Blanco apunta que es mucho más que una obsesión y se distingue de ella precisamente porque suele despertar una pulsión criminal.

Su realidad no existe

«Nada de la realidad que sucede a su alrededor les desmiente su creencia y su certeza de fantasía y enamoramiento», precisa el psicólogo del Chuac, que asegura que ante estos casos es fundamental acudir a la policía y denunciar un acoso que puede terminar de forma trágica. Tanto Fernández Blanco, como el perfilador criminal y también psicólogo Vicente Garrido advierten que es pronto para determinar si la mujer que atacó a la esposa e hija del periodista deportivo Paco González puede padecer erotomanía, pero podría ser una explicación de este episodio, al igual que el del hombre que trató de agredir con una ballesta a la actriz gallega Sara Casasnovas en el 2009, después de pasar meses enviándole cartas y misivas de amor. Un año más tarde, cuando la Audiencia Provincial le condenó a ocho años de prisión, este alemán de 39 años reconoció que viajó desde su país a España para conocer a su amada y que sintió unas ganas «irremediables» de clavarle flechas de amor y por eso terminó disparando una ballesta a la entrada del teatro en el que la sorprendió. «No tienen conciencia de la enfermedad, independientemente de las negativas que reciban siguen manteniendo la certeza de que el otro les ama, por eso acusan el desengaño cuando ven que el famoso no les atiende», apuntan los expertos.

Dolencia mental

El tratamiento de esta dolencia mental puede terminar implicando un ingreso en un centro especial, incluso en contra de la voluntad del que la padece, y sobre todo si existe una denuncia del entorno del enfermo -que puede ser clave para alertar de lo que está pasando- o un juez toma esta decisión. «El problema es que en muchas ocasiones no se les descubre hasta que no actúan, por eso su familia puede ser determinante para revelar si la obsesión ha pasado a mayores: cuando coleccionan todo lo que se publica o ven sus programas como si fuesen a acudir a una cita con ellos», precisa el criminólogo. Esta fantasía llevada al extremo no tiene nada que ver, sin embargo, con los actos de otras personas que, obsesionadas con figuras conocidas, han llegado también a atentar contra ellas. El caso más famoso fue el de John Lennon: nunca tuvo un contacto real con su acosador hasta el día en que este lo encontró en la entrada de su casa de Nueva York y lo asesinó. El psicólogo y psicoanalista Manuel Fernández apunta que, al igual que sucedió con el crimen de John Fitzgerald Kennedy, detrás de estos casos está un trastorno psicótico: «Les atribuyen una connotación maligna y en un mandato totalmente alucinatorio consideran que están en la obligación de eliminarlos, además suelen escuchar voces».

En cualquier caso, los expertos recomiendan no frivolizar las manifestaciones de admiradores. Y aconsejan que si cuando tras desalentar a una persona de «forma cortés» se siguen recibiendo mensajes o se sufren intromisiones en la vida privada es muy conveniente denunciar la situación.

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