Tras una serie de aplazamientos desde el 25 de noviembre, la empresa estadounidense de tecnología espacial SpaceX lanzó con éxito su primer satélite comercial, con lo que se convierte en una seria alternativa para los programas públicos de exploración espacial. Su éxito, de hecho, contrasta con el fracaso en el lanzamiento de un satélite ambiental promovido por China y Brasil, ya que el cohete chino que debía ponerlo en órbita tuvo un fallo y no consiguió su objetivo.
Por contra, el ingenio privado fue puesto en órbita por una versión mejorada del cohete Falcon 9, solo después de un vuelo de prueba en California. Este éxito marca la entrada de SpaceX en el mercado del lanzamiento de satélites comerciales, un negocio de más de 150.000 millones de euros y donde podría resultar un rival de talla. El Falcon 9 transportará un satélite de telecomunicaciones para la empresa Luxemburgo SES, el segundo operador mundial en este ámbito y que hasta ahora utilizaba cohetes europeos Ariane o rusos Proton para poner en órbita sus ingenios espaciales. SpaceX tiene pedidos por más de tres millones de euros, de los que el 75 % se corresponden con clientes comerciales.
Control de la Amazonía
Por otra parte, el fallo del lanzamiento del satélite chino-brasileño tampoco ha desanimado a las autoridades de ambos países, que en un comunicado conjunto han expresado su intención de mantener una colaboración espacial que se ha mantenido a lo largo de los últimos 25 años. El satélite lanzado ayer iba a monitorizar los desastres naturales y las alteraciones de la cobertura vegetal de la Amazonía.