Los hosteleros critican la norma que obligará a servir aceite en envases no rellenables porque encarece el producto y es poco sostenible
30 nov 2013 . Actualizado a las 07:00 h.«Non sabía nada, pero dende logo vai ser un trastorno grande». La propietaria de una casa de comidas en Seoane de O Caurel no tenía ni idea este miércoles de que, desde el próximo 1 de enero ya no podrá ponerles a sus clientes aceiteras para que aliñen la ensalada, aunque la norma permite que los aceites de oliva y orujo adquiridos antes de esa fecha puedan continuar ofreciéndose como hasta ahora hasta el 28 de febrero. La mujer no sabía que el pasado día 16 el Boletín Oficial del Estado publicó una normativa que obliga a los locales de hostelería y cáterings a servir el aceite al consumidor final en envases etiquetados no rellenables. «Non é só o producto que podas ter, ¿que imos facer coas aceiteras que temos? Hai que cambiar todo outra vez», lamenta sorprendida esta hostelera de la montaña de Lugo.
Pero el suyo es un sentir general entre los hosteleros de una comunidad en la que hay registrados 19.370 bares y locales donde se sirve comida, según el anuario de La Caixa. «No tiene lógica porque el aceite con el que se rellenan las aceiteras ya está etiquetado. Normalmente en hostelería se compran garrafas de cinco o diez litros que vienen perfectamente etiquetadas, un producto con el que luego se llenan los recipientes que usa el público que entra en los establecimientos», se queja el presidente de la Confederación de Empresarios de Hostelería de Galicia, Héctor Cañete.
No dicen lo mismo colectivos como la Unión de Consumidores de Galicia, que alaban una norma que ya se aplica en Portugal y que también entrará en vigor en Italia (ambos son países productores como España) porque «vai permitir ao cliente coñecer que tipo de aceite de oliva é e que compoñentes leva», dicen.
Pero al representante de los hosteleros no le convence el argumento. Reitera que el aceite que ofrecen en las aceiteras que suele haber en los restaurantes viene etiquetado en su garrafa correspondiente. Y para arremeter contra la medida promovida por el Ministerio de Agricultura a instancias del sector aceitero usa otro argumento con el que países no productores como Reino Unido, Irlanda o Alemania lograron frenar la pasada primavera la idea de la UE de aplicar una norma igual en todos los estados miembros. Dice que esto no hará más que encarecer el producto y plantear un problema ecológico, porque al utilizarse un envase individual no reutilizable se tirará mucho más aceite. Y eso por no hablar de la basura que se generarán con este formato.
Un sector con peso
Pero esta vez parece que el sector del aceite -España es el primer productor mundial de ese alimento y alcanzó 617.100 toneladas durante la campaña 2012/2013- ha ganado la guerra en nuestro país. Porque el etiquetado y la presentación en envases no reutilizables era una vieja petición de los productores. Una demanda parecida la han realizado también otros sectores como el del orujo en Galicia, aunque de momento no han conseguido el mismo resultado que sus homólogos aceiteros. Tampoco se sabe qué hará el Ministerio de Agricultura con el vinagre. Lo que está claro es que la victoria de los productores de aceite es una prueba del gran peso del sector en el departamento que dirige Arias Cañete. «Llevamos unos cuatro años pidiendo esto. Bruselas iba a aprobarlo, pero al final dieron marcha atrás porque países no productores argumentaron que eso iba a encarecer el producto», apuntan desde la Federación Española de Industriales Fabricantes de Aceite de Oliva. Frente a esa alza de precios de la que hablan los hosteleros aseguran que el incremento que puede suponer es mínimo. «Colocar uno de esos tapones pueden suponer entre 16 o 20 céntimos por botella y además es mucho más higiénico porque no hay que estar lavando la aceitera cada vez que se rellena», explican.
Los que no han esperado para adaptar sus productos a las nuevas demandas del mercado (muchos establecimientos ya llevan utilizando tiempo estos productos) son algunas empresas que, además de envases de uso individual, ya han sacado al mercado botellas del tamaño de una aceitera que presentan con otra de vinagre con las mismas medidas. De hecho, hay desde pequeñas botellas que contienen cuarenta o sesenta mililitros a otras más grandes de 250. Pueden hallarse también en el mercado otros envases pensados para servir con tostadas que tienen únicamente catorce o veinte mililitros. Por no hablar de los fabricantes de tapones, que deberán impedir, como dicta el real decreto, que la botella pueda ser rellenada.