Los joyeros parisinos dicen estar tranquilos con este juicio penal
10 nov 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Espionaje industrial o ganas de aprovecharse de una gran marca. Esa es la cuestión que los jueces franceses tendrán que dilucidar después de que François Le Goarant de Tromelin denunciase a los joyeros Van Cleef & Arpels por vender una sortija cuyo diseño es de su propiedad.
De entrada, la mítica joyería de la plaza Vendome ha sido inculpada por un presunto delito de venta de joyas sin licencia; los joyeros parisinos dicen estar tranquilos con este juicio penal, después de que Goarant perdiese todos los pleitos civiles que les ha interpuesto.
La clave es el copyright. Según Goarant, él personalmente tenía los derechos de propiedad intelectual del anillo Antoinette -que, además, dice que se llama así por su esposa- cuando su empresa, Istana, le permitió a Van Cleef & Arpels incoporar la joya a su catálogo. Una vez que se vendieron todas las unidades, Van Cleef & Arpels no podría seguir fabricándolo, pero, y siempre según la denuncia de Goarant, compró los bocetos con el diseño a un tercer joyero, Robert Szumeraj Super. Este era socio de Goarant, pero, aprovechando un problema entre ellos, Super robó los dibujos y se los vendió a Van Cleef & Arpels, que siguió fabricando la sortija una vez se quedó sin stock. La versión de Super nunca se sabrá, ya que fue asesinado por un cuarto joyero con el que también había tenido importantes disputas.