La ONCE, que en el 2012 creó más de 4.000 empleos para discapacitados, celebra su 75.º aniversario agasajada con premios que van desde el Príncipe de Asturias a la Medalla de Oro de Galicia, distinción, esta última, que el fatídico accidente de Angrois dejó pendiente de entrega.
-Hace una semana, al recoger la distinción de cofrade de honor del vino de Rioja, hizo usted una invitación a «explotar» los sentidos, algo que no se valora hasta que se echa en falta.
-Los ciegos son excelentes catadores, porque no necesitan el sentido de la vista y se centran en los aromas y los sabores. Cuando se tiene el sentido de la vista se minusvaloran otros. En cambio, cuando no se tiene, se puede disfrutar del sonido que hace la marea al subir en una playa como As Catedrais o de cómo te va invadiendo el olor del mar. Es algo que se nota perfectamente, pero que no aprecias cuando lo que ves es tan espectacular. ¡Pero a nosotros también nos gustaría verlo!
-Como presidente del Comité Paralímpico Español, ¿cómo vivió la experiencia en Buenos Aires apoyando a Madrid ante el COI?
-Decepcionado con el resultado. Independientemente del exceso de confianza que se pudo tener o no, las perspectivas daban a España como un posible ganador. Todos tenemos un recuerdo magnífico de Barcelona?92, que marcó un antes y un después en los Juegos Paralímpicos, en parte porque la ONCE hizo una aportación muy importante. Sirvieron para cambiar la percepción que tiene la ciudadanía hacia la discapacidad y para hacer visibles a los discapacitados, a los que en muchos lugares del mundo sus familias aún esconden.