Seis científicos salen de un encierro iniciado en marzo en el que estudiaron qué comida hacer y cómo, en una supuesta misión a Marte
15 ago 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Hi-seas era un experimento singular: seis científicos de diferentes ramas encerrados en un búnker cerca de un volcán de Hawái durante casi cuatro meses para diseñar el menú de una supuesta misión tripulada a Marte y la forma de cocinarlo. El viaje al planeta rojo se calcula en unos seis meses -solo la ida-, con lo cual la cuestión de la alimentación no es ninguna tontería porque aburrirse en la mesa puede repercutir en la estabilidad de todo el programa. De ahí esta investigación de la NASA, que comenzó en marzo y terminó el martes entre los aplausos de unos pocos periodistas y familiares que esperaban a estos héroes casi anónimos.
La responsable de la misión, Kimberly Binsted, experta en inteligencia artificial de la Universidad de Hawái, explicó que el principal reto que se plantearon era lo que trasciende de la comida: «La cohesión de la tripulación, esa es la gran cuestión, cómo mantener a los astronautas cuerdos, felices y productivos durante una misión de larga duración».
Durante las semanas que estuvieron encerrados -que no aislados, porque los astronautas se comunican, y mucho, con la Tierra, aunque con un retardo de 20 minutos por la distancia- los científicos tuvieron que cocinar alimentos liofilizados y, procesados, así como productos no perecederos. El objetivo era saber qué habría que meter en una despensa que se dirigiese al planeta rojo teniendo en cuenta que el viaje será muy largo.
El balance de Hi-seas (Hawái Space Exploration Analog and Simulation) se presentará en el congreso internacional de astronáutica de este año, pero antes los interesados pueden ver algunos vídeos y fotos en las cuentas de Twitter de los protagonistas, y disfrutar con el sushi de brécol rehidratado, la paella de camarones, los crepes de pollo al curry o el pastel de chocolate.
Ellos demostraron que la clave es «tener la habilidad» para expresarse a través de la comida sin caer en el aburrimiento, compaginando los momentos más creativos con aquellos «en los que realmente un astronauta está muy ocupado y necesita algo muy rápido», según Sian Proctor, otra de las científicas participantes en el programa.
No se plantea como una tarea fácil, sobre todo por la falta de espacio que sufre cualquier nave y por los trajes que los astronautas podrían verse obligados a llevar. En Hawái no padecieron estas estrecheces, y aunque los voluntarios cocinaban a veces con los buzos de astronauta, la mayor parte del tiempo llevaban lo que es casi el uniforme de la ISS, camiseta y pantalón cargo.
Angelo Vermeulen, un artista y científico belga, comentaba que su misión ha sido conseguir un equilibrio «entre, por una parte, no gastar demasiado tiempo ni recursos [el agua es un bien escasísimo, la ducha es semanal] en preparar la comida diaria y por otra, mantener a la tripulación sana y en forma». Sin duda, la paella de camarones les ayudará.