Suede lleva la magia pop a Riazor

Más de 25.000 personas disfrutaron en la playa con un concierto excepcional


LA VOZ / A CORUÑA

Fueron grandes en los noventa y continúan siéndolo dos décadas después. Los británicos Suede firmaron anoche una de las páginas más brillantes de la historia del Noroeste Pop Rock. Apelando a sus grandes armas -elegante presencia escénica, cuerpo a cuerpo musical y un repertorio de perlas incontestable- convirtieron la playa coruñesa de Riazor en un paraíso de nostalgia brit para aquellos que los bailaron a los veintitantos y los disfrutaron en vivo ayer. Por una noche revivieron el escalofrío de aquella juventud que la banda musicó con So Young.

Tardarían en llegar a ella. Antes había que pinchar a la audiencia poco a poco. Y de arranque optaron por el riesgo: Europe Is Our Playground, una cara b de mediados de los 90 e intenciones envolventes. Primero, sus guitarras hipnóticas. Después, la inconfundible voz quebradiza de Brett Anderson flotando en la noche. Luego, la tensión sostenida de la canción creando un ambiente de extrema fragilidad. Pretendían arañar el corazón del público desde el primer momento y lo lograron. Mirándolos a los ojos les demostraron que fueron grandes, muy grandes. Y que siguen siéndolo.

Como en aquellos legendarios directos de Benicasim en 1997 y 1999 o del Santi Rock del 2003, la banda se metió a la audiencia de las primeras filas en el bolsillo al instante. Anderson se dejó en el camerino el enfado del día anterior y se reivindicó como un front-man definitivo. Miró a los ojos a las 25.000 personas que lo secundaron, según el Ayuntamiento, les cantó a muchos las canciones de su vida y contagió a las primeras filas de una vitalidad más propia de los 20 que de los 45 que indica su pasaporte. Atrás, sin embargo, el ambiente resultaba más frío.

A Europe Is Our Playground le siguió Barriers, del nuevo disco y, luego, It Starts And Ends With You, otra pieza reciente. Y ahí se pulsó stop a la novedad y la rareza. Tocaba viajar al pasado y, de la mano de Suede, la travesía no puede resultar más placentera. Cuando sonó Trash se abrió la puerta del paraíso pop. Cuando la continuó Animal Nitrate este paraíso encendió todas sus luces de colores. Y con By The Sea convirtieron en real el guiño que habían hecho en Twitter cuando anunciaron el concierto.

Sí, la actuación respondió a las expectativas: fue un grandes éxitos en toda regla en el que la banda se reivindicó en plena forma recordando su pasado y no faltó casi de nada. El público, que creció a medida que avanzaba la actuación, disfrutó de un repertorio apoteósico en el que sobresalió, ya hacia el final, Beautiful Ones. Una piedra preciosa atemporal que brilló con todo su esplendor en Riazor. En el bis tocó Saturday Night. Y se dejaron una She's In Fashion que aparecía entre paréntesis en el set-list. De haber logrado prender fuego en toda la audiencia y no solo en la mitad de ella, seguramente habría caído. Aún así, un gran concierto.

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