Galicia también se lleva en la piel

La torre de Hércules, María Pita, toxos o pulpos, entre los tatuajes más personales

Tatuaje

«Cuando llegué, hace seis años, las personas se tatuaban lo que veían en otros, pero ahora quieren ir más allá, transmitir algo que tenga que ver con su vida. La cultura ha hecho que eso suceda», explica Alfonso Sánchez mientras crea sobre la piel de un cliente en su estudio Balinese Tattoo de A Coruña. «¿Modas? Huyo de ellas, aquí hago diseños personalizados y únicos, tratamos de expresar un sentimiento, es arte conceptual», asegura. «Las estrellas de Fama, el no sé qué Beckham... Eso es moda y después de la moda vienen los arrepentimientos. No hacemos las cosas por épocas», añade.

Él, que estudió Bellas Artes en el Instituto de Diseño de Caracas, pasó por el prestigioso estudio Miami Ink (EE. UU) y ejerció también en México, confirma que las solicitudes varían según los países. Dice que en A Coruña ha tenido «el honor» de tatuar a clientes «con raíces muy fuertes». Torres de Hércules, mapas de Galicia, banderas, toxos, castañas, imágenes de María Pita, el paseo marítimo coruñés, las playas de Cedeira o la costa de San Andrés de Teixido. Todo ello sobre la piel y con un reto: que aunque sea el mismo elemento, no salga un tatuaje igual. «Nunca creo dos torres idénticas. Voy hasta allí, hago fotos... para que aun siendo lo mismo, transmita algo distinto, lo que quiera expresar el cliente», explica. No son raras tampoco las conocidas conchas de Santiago.

Desde Costa Oeste Tatuajes, en Vigo, Nortes reconoce: «Incluso hay turistas que vienen a Galicia y quiere llevarse un recuerdo de su viaje. El otro día hice un pulpo». Preguntado sobre posibles tendencias, señala que ahora se apuesta más por el color, vuelve lo maorí y continúa «un poco» el lettering (nombres, frases...). Nortes coincide con Alfonso en señalar que el tatuaje está ahora «más normalizado».

«Esto se ha convertido en una industria, ya no es algo clandestino, propio de presos o de marineros. Hoy cualquier persona puede llevar un tatuaje con orgullo si lo hace con sentimiento», asegura Sánchez. «Se prefiere lo único», confirma también desde Lugo Jorge, de Camaleon Tattoo. Ellos, al igual que Balinese, tienen ya lista de espera. «No es lo mismo un tatuaje que una obra de arte, llevar un cuadro en la piel, que es lo que yo pretendo hacer», dice Alfonso. Máquinas y pigmentos han cambiado: actualmente se hacen cosas en la piel «que quince años atras no se podría».

Evolución y edades

Hay cada vez más acceso a información, y ello ha llevado a muchas personas a perder el miedo a un tatuaje. También aumentó la posibilidad de acceder al instrumental: «Casi cualquiera cree que puede tatuar, y eso ya no es tan bueno. Esto es una profesión, pero no hay una universidad donde te enseñen».

El abanico de edad para tatuarse es amplio. «Desde jóvenes a señores de 60 o más que siempre ha querido uno y ahora se atreven», cuenta Nortes. La media se queda en los 25-30. «Aquí tatuamos a mayores de 18, pero es a partir de los 25 cuando la persona tiene más madurez, sabe lo que quiere y no se deja influir», apunta Sánchez.

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