Las mujeres sobadas en grupo en San Fermín nos hacen preguntarnos si estamos en la España del año 2013, sobre todo si escuchamos el tono resignado de algunas de las participantes. Resignación frente a la posibilidad de una agresión en grupo por los representantes masculinos de nuestra especie, cuyo comportamiento está interpretado, alternativamente, como parte de una tradición consensuada, o como algo explicable por la presencia de alcohol en abundancia, o la influencia perniciosa del grupo que los desinhibe. Hablar de acuerdo en un contexto así es, como mínimo, ingenuo. Muchas mujeres se quejan de haber estado expuestas a este comportamiento descontrolado contra su voluntad, o de tener miedo a participar de los festejos. Consentir estas manifestaciones es dar aceptabilidad a la objetificación de las mujeres, a la invasión de la intimidad y a la perpetuación de la desigualdad, al generar inseguridad para ellas. En cualquier situación, incluidas aquellas donde una mujer decide desnudarse, mantenemos que los hombres son seres humanos con capacidad de control sobre sus impulsos sexuales. Y tenemos que ser contundentes en el rechazo a cualquier otra premisa.