Un juzgado francés permitió la subasta de objetos rituales hopi, una tribu de Arizona que considera un sacrilegio la venta de estas caretas
13 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Las máscaras rituales no son sagradas. Así lo interpretó una jueza de París para permitir que la casa de subastas Néret-Minet Tessier & Sarrou vendiese 70 caretas de la tribu hopi, del Estado de Arizona (EE. UU), por un total de 931.435 euros. La magistrada Magali Bouvier estimó que «el único hecho de que estos objetos puedan ser calificados de objetos de culto (....) no les confiere un carácter de bienes inaccesibles».
De nada ha servido la intervención de los abogados británicos de la oenegé Survival International, la defensa de los derechos indígenas hecha por el embajador estadounidense en Francia o la carta remitida por el actor, director y activista Robert Redford, que consideraba la venta «sacrílega» y pedía la restitución de las máscaras para impedir «un gesto criminal».
Lo que ha resultado es un gesto muy lucrativo. Con la sala del hotel Drouot hasta la bandera, las ventas superaron ampliamente las previsiones, que oscilaban entre los 600.000 y 800.000 euros. La más destacada de estas katsinam (o kachinas) fue un casco azul con boca y ojos agujereados con forma de rectángulo y alas de cuervo desplegadas que se adjudicó a 160.000 euros (salía en 40.000).
Los compradores fueron «amantes del arte» que prefieren mantenerse en el anonimato, según la casa de subastas, aunque se apuntó que la asociación Joe Dassin adquirió una de las piezas para devolvérsela a los indígenas, al igual que el abogado que defendió gratuitamente a Survival International, Pierre Servan Schreiber.
Los hopi, con una cultura similar a la azteca, son un colectivo menor del sureste norteamericano, con unos 12.400 miembros según el censo indígena, que residen en la Reserva Federal del Pueblo Navajo.
Su propuesta de paralizar la subasta ha supuesto dar un paso más a otras quejas similares, como las de Perú y México contra las ventas de arte precolombino en París, que no convirtieron en demanda. El objetivo es, si no obtener la devolución de las joyas, sí «fragilizar» este tipo de comercio.