El papa ataca la sed de poder: «El sudario no tiene bolsillos»

Alfonso Andrade Lago
alfonso andrade REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

MAX ROSSI

Elige un dicho de su abuela para cargar contra el dinero y la corrupción

25 mar 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Sigue rompiendo moldes el papa Francisco. Había verdadera expectación por ver qué giro daría bajo su ministerio la tradicional misa del Domingo de Ramos en San Pedro, y la verdad es que no defraudó. Para empezar, nada de pompa y boato, elementos que incomodan visiblemente a Bergoglio porque chocan frontalmente con su mensaje pastoral y sencillo. De rojo y con el báculo, rezó el ángelus ante 250.000 fieles, pero lo hizo desde un altar colocado sobre una plataforma, no desde la ventana del palacio apostólico. Más tarde, durante el paseíllo en papamóvil por la plaza rompió el protocolo varias veces para besar niños o charlar con grupos de asistentes, muchos de ellos argentinos.

Tampoco su discurso estuvo exento de sorpresas; sobre todo cuando rescató un dicho de su abuela contra la codicia para asestar una estocada profunda a la sed de poder y de dinero. «El sudario no tiene bolsillos», espetó.

Desde el altar esbozó también las que serán líneas maestras de su papado: «Atención a la juventud, esperanza, Cruz [el sacrificio] y alegría». Este último punto lo subrayó con unas frases sencillas que arrancaron ovaciones entre los presentes: «No seáis nunca hombres o mujeres tristes. Un cristiano jamás puede serlo. No os dejéis robar la esperanza».

Confirma su viaje a Brasil

La Iglesia celebra tradicionalmente en Domingo de Ramos el Día de la Juventud. Por eso Francisco aprovechó este momento para confirmar su viaje a Río de Janeiro, donde se celebrará oficialmente la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), prevista entre el 23 y el 28 de julio. Bergoglio se citó allí con los jóvenes a través de su cuenta de Twitter. «Aguardo con alegría el próximo mes de julio, en Río de Janeiro. Os doy cita en aquella gran ciudad de Brasil», escribió Francisco en su cuenta, @Pontifex.

La organización de la JMJ aseguró ayer que el carisma del nuevo papa elevará sin duda la cifra de asistentes. Está prevista la presencia en Río de dos millones y medio de fieles.

El Jueves Santo, el pontífice volverá a romper moldes al celebrar la tradicional misa en una cárcel de menores de Roma, donde lavará los pies a varios jóvenes detenidos. Dará continuidad de esa manera a una tradición que instauró como arzobispo de Buenos Aires. Allí alternaba las visitas a cárceles, hospitales, asilos y hospicios.