El mar, el mayor peligro


La existencia del calentamiento global es un hecho innegable. Las causas de este calentamiento todavía generan una cierta controversia, aunque la mayor parte de la comunidad científica lo asocia con el aumento de gases de efecto invernadero debido a la quema de combustibles fósiles. El calentamiento puede observarse tanto en tierra como en el océano, aunque ahí los cambios han sido en general más modestos, lo que puede llevarnos a engaño. El agua se caracteriza por una gran capacidad calorífica. Es decir, se necesita un gran aporte de energía para que su temperatura se eleve en un grado. El calentamiento del mar se ha estudiado desde hace más de una década, por lo que existen numerosos estudios que permiten concluir que una gran cantidad de calor se ha ido almacenando en el océano, con imprevisibles consecuencias para el clima futuro. Para dar un orden de magnitud del fenómeno, uno de los más reputados oceanógrafos (Sidney Levitus) afirma en un artículo del año pasado que «si todo el calor que se ha ido acumulando en los 2.000 metros superiores del océano desde los años 50 se liberase inmediatamente a los 10 primeros kilómetros de la atmósfera, generaría un calentamiento atmosférico de más de 36 grados». Obviamente, esto no va a suceder así, pero nos da la magnitud del problema. Incluso, si las medidas propuestas en los diferentes protocolos se llevasen a cabo, ese calor seguiría ahí y sus consecuencias permanecerían durante décadas.

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