No conviene improvisar


Las privatizaciones en sanidad contienen muchos matices. Que son importantes. La existencia de hospitales privados concertados en un sistema público es una cosa. Privatizar la gestión de un hospital público es otra; privatizar un hospital es una tercera cosa (con variantes) y, aún otra, cuarta, muy distinta, sería privatizar la sanidad pública. Constituyen, por así decirlo, grados distintos. El primer caso tiene tradición. Sobre el segundo se debate ahora si contribuye o no a incrementar la eficiencia. El tercero, en su versión completa, ni se ha planteado ni creo que se vaya a plantear. El cuarto es, simplemente, impensable. El sistema sanitario público es el modelo de los países socialmente avanzados. Veamos, por consiguiente, el tema del momento: ¿Aumenta la eficiencia -¡sin perjuicio de la calidad!- si un hospital público se gestiona por una empresa privada? La respuesta a esta pregunta exigiría saber con qué instrumentos de gestión adicionales se contaría y, quizá, por qué no están ahora a disposición de los gestores públicos. También si habrá o no ánimo de lucro. Son riesgos distintos. Y si hay suficientes candidatos donde elegir para no verse atrapado. Y si una reversibilidad no ruinosa es posible ante resultados pobres. Y, sobre todo, si hay un sistema de información desplegado para valorar esos resultados. Pero el hecho es que no lo hay, y, lo poco sólido que se conoce sobre los precedentes no avala esta opción. No es conveniente improvisar. Tal vez, antes de nada, habría que repasar los fallos del sector público y tratar de corregirlos. Porque aún hay un quinto supuesto, que es la gestión pública sometida al derecho privado.

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