La prolongación hasta Fisterra y Muxía gana adeptos
26 jul 2012 . Actualizado a las 00:42 h.Cada vez son más los que deciden que el Camino de Santiago no acaba en Santiago, sino tres jornadas más al oeste y mirando al mar, en el Finisterre.
No es una novedad, en el siglo XV ya recorrían tal ruta peregrinos llegados de distintos puntos de Europa, dejando constancia escrita de su existencia.
Seguramente su origen pagano hizo que su existencia quedara a la sombra del que llevaba a la tumba del Apóstol. Hasta que hace unos años -a finales de los noventa- volvió a cobrar vida, y mucha.
Solo en lo que va de mes, el albergue de peregrinos de Fisterra repartió 8.435 fisterranas, el elemento que simboliza que el caminante ha llegado al final. Ese reconocimiento solo se le entrega a los que van sellando su ruta etapa por etapa, pero los hay que lo hacen de otro modo y se acercan al fin del mundo por otros medios. «Xa non teño capacidade para contar os autobuses que chegan ao faro», dice con humor Begoña Valdomar, hospitalera en Fisterra.
El pasado viernes, las sendas que llevan hasta el cabo se convirtieron en autopistas. Hasta 200 personas cada día reclaman desde entonces su fisterrana.
Los números hablan de éxito de un final alternativo a Santiago no exento de cierta polémica. Porque en la Costa da Morte no hay uno, sino dos finales. El otro es Muxía y en cada uno de esos municipios defienden que el suyo es la meta.
Lo cierto es que históricamente Muxía fue también destino de peregrinajes y que existe una vía que une ambos municipios. Unos llegan a Fisterra y rematan en Muxía, y otros lo hacen al revés. «Cada peregrino escolle cal é o final que quere», dice Valdomar restando importancia a las guerras localistas.
Ayer, el cabo Fisterra estaba hasta la bandera. Parecía todo menos un lugar de recogimiento y meditación para los caminantes. En el Ayuntamiento calculan que unas 600.000 personas llegan cada año hasta ese punto, teóricamente el segundo en Galicia más visitado tras la catedral. Y cada vez son más los que alcanzan esa meta a pie. Desde 1997 van contabilizados en torno a 135.000 peregrinos, una cifra que sube cada año, sea jacobeo o no. Hace quince años había en la Costa da Morte un albergue, hoy entre públicos y privados van por dos docenas, y creciendo. El Camino tiene dos finales, pero no se sabe dónde acabará.
«Xa non teño capacidade para contar todos os autobuses que chegan ao faro»