Si la medida anunciada por el Gobierno valenciano es un gesto de austeridad, podría ser correcta, pero que se haga pensando en que va a cambiar las cosas... eso ya es harina de otro costal.
Ahora que todos los trabajadores que tenemos la inmensa suerte de disfrutar de un empleo estamos más horas en el tajo y cobramos menos por ello, parece sensato que los funcionarios, todos, cumplan con su horario, y ya que disfrutan de esas casi dos semanitas de moscosos por la gracia divina no está mal que cumplan con el resto del calendario. Pero lo preocupante es la segunda parte de la historia: qué harán durante esas semanas que ahora disfrutan en semilibertad. ¿Estar mano sobre mano en la sala de profesores de los colegios? Únicamente parece viable lo de las clases de apoyo a los alumnos rezagados, y no parece lógico que para eso movilicen a todo el claustro. Otra opción interesante sería mejorar su formación -demanda reiterada por los propios profesores-, pero eso ¡cuesta dinero!
Claro que se puede aprovechar y cambiar el horario de las clases, alargando el curso al estilo anglosajón, pero sería una auténtica locura que se hiciese desde una comunidad autónoma, para ahorrar y sin unanimidad.