El culebrón de la «grileira»

xavier lombardero REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

19 feb 2012 . Actualizado a las 06:50 h.

Siendo niño, oí una invitación a esfumarme: «Veña rapaz, vai por aí buscar mexo de grilo». Salí inocente de escena, captando la orden para alejarse y perder el tiempo, pero sin entender el desprecio al grillo. Porque el negro ortóptero, que diría el científico, era sinónimo de verano, del trasnochar en fiestas o de reuniones familiares en torno a la hierba seca. A muchos de ustedes su canto también les habrá acompañado en solitarias caminatas nocturnas hasta la casa de los abuelos.

Al contrario de otras pandillas, a la mía nunca le dio por molestar grillos, ni para cazarlos con la pajita y luego enjaularlos. Nos cebábamos con las lagartijas y otros anfibios o reptiles. Como tarzanes, en las correrías del sábado caía bichería variada, pero localizar por ribazos, prados y linderos a los grillos no nos atraía.

Y eso que el grillus campestris es torpón. Salta, pero poco. Solo hay que buscar su madriguera y esperar, aunque despista con su canto al variar la longitud de onda del chirrido ante la menor amenaza. Solo los machos cantan, para atraer a las hembras en celo. Lo hacen con nocturnidad y frotando las alas anteriores. Esas vibraciones las captan con órganos timpánicos abiertos en las patas delanteras. Los grillos son muy territoriales y agresivos, con duras peleas para defender sus conquistas.

El compañero Juan Carlos Martínez sí me ha transmitido su experiencia de capturar grillos. Y cómo fabricaba grileiras con una caña de escoba seccionada, a la que se colocaba un cristal ovalado en un extremo. También su aprecio por el grillo hogareño (Acheta domesticus), que sobrevive más al frío y canta de noche entre la leña, algo que también recogió Eladio Rodríguez, de la Real Academia Galega, en su Diccionario enciclopédico (Galaxia, Vigo, 1960).

Eladio explica el dicho de andar ós grilos como «ocuparse en cosas inútiles, perder el tiempo en asuntos de escasa importancia». Pero, sin faltar a la ciencia entomológica, supongo que algo de tradición oral o de fundamento tendría lo del «mexo de grilo». Aunque el personaje aquel no fuera consciente. Con el tiempo descubrimos que el grillo (hay cientos de especies), tiene de antiguo uso medicinal en muchas culturas, como otros insectos. Puede que para nuestros ancestros fuese mágico-medicinal o terapéutico, aunque hoy solo lo parezcan las abejas. Quién sabe si las secreciones o emplastos de grillo sirvieron de cura, tal como lo documentó la Sociedad Entomológica Aragonesa en pueblos de México o Brasil. Está en la farmacia asiática, pues allí es objeto de activo comercio, fauna mitológica y de amuleto. Plinio ya les atribuía virtudes medicinales y la entomoterapia constata su uso para tratar reumas, asma, niños que orinan en la cama, inflamaciones... al poseer sustancias de acción antimicrobiana o antiinflamatoria.

Recientemente, biólogos de la universidad británica de Exeter estudiaron los grillos ante el cambio climático. No investigan el clásico truco de calcular la temperatura ambiente contando los chirridos por segundo. Montaron en un prado asturiano un auténtico Gran Hermano con un circuito de 96 cámaras y micrófonos para ver el comportamiento de 152 grillos. Tomaron ADN y grabaron salvajes batallas para conquistar madrigueras y hembras. 250.000 horas de vídeo de luchas, apareamientos y descendencias, con una promiscuidad de telenovela. Más que una grileira, un culebrón. Parece ser que los que más cantan, son más fuertes y saludables. Tomemos nota.