Un pequeño concello asturiano, San Tirso de Abres, de apenas 500 habitantes, vivió ayer su particular cuento de hadas, transformado por el glamur y la trascendencia que se le da a toda visita de los príncipes de Asturias. Allí aterrizaron -nunca mejor dicho, pues llegaron en helicóptero- don Felipe y doña Letizia, para entregar el premio al Pueblo Ejemplar de Asturias 2011. Llegaron al núcleo más occidental del Principado, donde cruzando la N-642 se pone el pie en Trabada, esto es, en Galicia. Y no faltaron los gallegos que, en buen número, se acercaron a ver a los futuros reyes de España.
Sabido es que don Felipe y dona Letizia levantan pasiones en Asturias. Ayer, al pie del río Eo, se ratificó. «¡Guapísimos, guapísimos!», «¡Vaia mozo más guapo, qué altura, qué precioso!», «¡No me extraña que su madre esté loca con él!», fueron algunos de los piropos que les propinaron a su paso, algunos en castellano, otros en gallego, otros en a fala, el habla de la zona.
Don Felipe cumplió escrupulosamente con su papel, derrochando sonrisas y saludos. No faltó (un clásico en este tipo de visitas) el gesto cómplice de coger a un niño en brazos. Ayer lo hizo en varias ocasiones y doña Letizia, que no logra sacudirse un cierto aire de mujer fría y distante, lo emuló. «Está un pouco delgadiña. Pero é que el é tan alto e guapo que...», razonaba una mujer entrada en años, evidenciando su predilección por el hijo pródigo frente a su esposa.
Eso sí, con el presidente del Principado, Francisco Álvarez-Cascos, el público no fue tan benévolo: «Está más gordo de lo que se ve en la televisión».
El pueblo estuvo abarrotado, saturado de coches de marca de las autoridades asturianas. La representación gallega fue exigua: dos alcaldes, los de Trabada y Ribeira de Piquín.
A pesar del sol y quizás por las escrupulosas medidas de seguridad, la ceremonia fue más fría de lo habitual. En su discurso, el príncipe de Asturias habló de los «hermanos» del otro lado del río Eo y recordó a los emigrantes, levantando los aplausos más generosos y ruidosos. Llegó el himno de Asturias tocado a gaita y fue don Felipe quien animó varias veces a la gente a cantarlo.
En la comida, servida para todo el pueblo, no faltaron los platos tradicionales con productos de la tierra. Hubo sidra, quesos, empanada de maíz, truchas del Eo, tortilla con torreznos, gochu asturcelta... Y los Príncipes, que en Asturias juegan sobre seguro, se fueron dejando un grato recuerdo.