Les ruego se presten, sin resabios ni dobleces, a esta fácil experiencia, de brindar a copa en mano de este suave bebedizo.
Dulce bálsamo de aromas, curará por donde pase, tanta angustia y desencanto; y como canta aquel Cervantes, Fierabrás será un don nadie, al compararse a tal brebaje.
Lo primero es esencial y en despensa hemos de entrar, mas no seamos tan simplones y arramplemos con la huerta, que no es el nuestro zumo de verduras, pues busca hallar las vitaminas, en materias más difusas. Búsquese por los rincones una gota de perfume, que caído de una nube se ha colado en una taza; una taza de agua clara, salpicada de los ojos de quien fue un día tu amada.
Acomoda entre tus dedos la memoria de un suspiro, que en el aire vuela y rima; y moja todo con el vino de los labios rojo sangre que desgranan su carnada. Ahora hemos de sentarnos, alejados de la lumbre, pues es este un fuerte trance, que acostumbra a estropearse. A la luz de un sol oculto, hace ya más de cien horas, mareemos con los ojos el dulzor amargo y propio; de la sal de un mar bravío que te arrulla cuando lloras.
Ve despacio, no te apures; en la calma y el cariño está la clave de este hechizo.
Toma al vuelo de su piel, la calima de sus curvas y filtrada en tu mirada, ponla en jaque con caricias arrancadas de su almohada. Y ahora? abandónate a la lucha y arremete contra el viento. Deposita sobre el vaso su vibrar de voz deseada y decora sus rincones con las flores de la roca cuando grita el temporal. Y bebe, sobre todo bebe. Escancia hasta el final la frescura de su esencia y sus muchas propiedades. Pueda ser que ya jamás puedas nunca abandonar tal bebida espirituosa, pero amigos? ¿Qué esperabais de licor tan especial?