Nos ha costado años, pero parece que vamos por el buen camino en lo que a atención a la dependencia se refiere. La Xunta prepara un decreto para potenciar los servicios frente al dinero, para diseñar programas específicos según los distintos problemas y para optimizar los recursos. ¿Por qué una residencia de la tercera edad no va a atender durante el día a pacientes que necesitan rehabilitación psicomotriz si tiene personal y espacio suficiente? ¿Por qué una persona con párkinson no es considerada dependiente hasta que cumple los sesenta?, ¿y por qué un joven autista tiene el mismo programa que otro con una lesión cerebral? Si uno ha seguido más o menos de cerca el desarrollo de la ley debe agradecer estos cambios y esperar que haya dinero suficiente para llevarlos a cabo. Porque esa es la cuestión, el Estado sigue pagando por el grado de dependencia sin tener en cuenta que la esencia es la atención, el servicio: cuidar a una persona en estado vegetativo en casa puede ser más fácil que vigilar a otra que tiene más movilidad pero que es agresiva. Es importante ahorrar, claro, pero ¿sirve de algo si no somos eficaces?