El imperio de la ley en la Red


Se sabía que el canon digital era controvertido, preventivo, bruto e injusto (por presumir que todos los españoles utilizan las nuevas tecnologías para, entre comillas, piratear). Ahora sabemos también que es ilegal.

Por un defecto de forma. Por un error de un Gobierno que tuvo prisa y eligió una vía exprés para satisfacer las presiones del muy insistente amigo americano. Y para alimentar las arcas de un sector -la industria cultural- con voz tonante, buenas conexiones y un largo historial de servicios al PSOE.

El canon lleva ya en la espalda dos rechazos judiciales. Primero fue un tribunal europeo el que cuestionó su carácter indiscriminado. Ahora es la Audiencia Nacional la que hace otra enmienda. No a su totalidad. No cuestiona la legalidad de la compensación por copia privada. Pero sí su aplicación.

¿Es un asunto menor? ¿Cuestión de tiempo? Tal vez, pero en la Red miles de internautas han aplaudido una sentencia que evidencia un aspecto que ya fue capital durante el tenso debate de la Ley Sinde: la ley y las garantías que imperan fuera de Internet también deben hacerlo dentro de ella. No hay sitio para las criminalizaciones generalizadas ni para los discursos autoritarios tipo «el Canon es agua pasada, se paga y ya está, a quien no le guste que se aguante». Lo dijo en el 2008 el mandamás de la SGAE Teddy Bautista. Y se equivocaba.

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