«Pueden darse casos particulares en los que esté justificado el uso del preservativo». La frase literal del Papa no parece, sin embargo, que vaya a suponer un cambio importante en la doctrina del Vaticano sobre el uso del preservativo. Porque tampoco es la primera vez que desde la Santa Sede se emiten mensajes ambiguos sobre el tema. La mayor polémica se vivió hace cuatro años, cuando el cardenal Lozano Barragán insinuó en una entrevista que la Iglesia podría flexibilizar su posición. «Mi dicasterio -dijo- está estudiando esto muy de cerca con científicos y teólogos designados para emitir un documento que será publicado pronto». Luego, ante la polémica, negó que se tratase de un documento, sino que simplemente se estaba estudiando el caso. Poco después, el secretario del Consejo Pontificio para la Salud, José Luis Redrado, confirmó que se estaba analizando la situación. «Este -dijo- es un tema muy delicado y el único que tendría una decisión final sería el Santo Padre». Pero el Pontífice, en su reciente visita a África, el continente más castigado por el sida, mantuvo firme la postura oficial. «El sida -explicó- no se puede resolver con la distribución de preservativos; al contrario, solo aumentan los problemas. La única vía para luchar contra la epidemia es la humanización de la sexualidad». Es decir, abstinencia y oración. Y este principio difícilmente variará. Y eso que el cardenal Martini llegó a decir hace años: «Puede constituir un mal menor».