La mujer del presidente de Estados Unidos visitó el casco histórico marbellí y hoy la esperan en Granada
05 ago 2010 . Actualizado a las 10:42 h.«Esto es lo que queremos ver en Marbella, y no alcaldes esposados». Así de sincera se expresaba ayer en el centro de Marbella una marbellí que, como muchos de sus vecinos, ve en la visita de Michelle Obama y de su hija Sasha a la Costa del Sol el lavado de cara que necesitaba, de urgencia, una de las localidades españolas donde la corrupción ha mordido más fuerte.
El despliegue de medios de seguridad que se ha realizado en Marbella para garantizar que nada importunará a la primera dama de Estados Unidos no tiene precedentes. Desde hace semanas, agentes de la CIA, de los servicios secretos de Estados Unidos y de España, así como las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado trabajan siguiendo al dedillo el modelo norteamericano, donde nada, absolutamente nada, se deja al azar.
En Marbella, estos días, si de algo se peca es de exceso, no de defecto. Tanto es así que, en trámite de urgencia, el ayuntamiento pidió que se retirase una enorme valla publicitaria que daba la bienvenida a la familia Obama al más puro estilo Berlanga. Para Imagen Consulting y Copremosa Sur, agencias de publicidad a la que se le ocurrió la idea, quitar el mensaje ha sido un error, ya que la cobertura mediática que ha tenido tal ocurrencia ha sido tremenda: hasta 8.000 medios de comunicación de todo el mundo están siguiendo los pasos de las Obama en España.
La firma Oak Power Comunicación, por su parte, ha elaborado un estudio que cifra el impacto económico de estos cuatro días de vacaciones de las inquilinas de la Casa Blanca en 800 millones de euros, una cifra nada despreciable para una localidad donde, ayer al mediodía, se veían muchas sillas vacías en las terrazas y muchos carteles de «Se vende» en los balcones.
Es difícil saber si Michelle Obama se ha enterado del asunto de la pancarta. Lo que sí es seguro es que pasaban de las diez y media de la mañana de ayer cuando la esposa del hombre más poderoso del mundo se bajó del Air Force Two acompañada de su hija Sasha, de nueve años, y de un numeroso séquito. Hubo quien quiso ver en la imagen a Jackie Kennedy descendiendo del avión.
Catorce coches, incluidos los blindados especialmente traídos desde Washington, conformaron la comitiva que llegó a las 11.42 al lujoso hotel Villa Padierna, flanqueada por todos los medios de seguridad que uno pueda imaginarse y por algunos más. Después del almuerzo y el descanso, Michelle se dio un baño de multitudes en Marbella.