El punto «G» de la copa de moda

SOCIEDAD

Las tropas británicas en la India combatían la malaria con ella. Hay quien la usa para limpiar barras. Con limón o pepino, está barriendo al resto de combinados. ¿Les suena?

30 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Año 1987. Ferrol. Esquina frente al instituto Concepción Arenal, más conocido como Masculino. Alguien ha puesto a un chaval sin mucha idea a trabajar en la barra de un bar. Un tipo se dirige a él para solicitar un combinado corriente: «Ponme un vodka con limón». El rapaz abre los ojos como platos, duda pero acaba reaccionando. Coloca el vaso de tubo, pilla la botella del despiadado destilado ruso y comienza a precipitarlo en él. Un cuarto, la mitad, las tres cuartas partes están llenas pero el chorro no se detiene hasta alcanzar el borde del vidrio. El cliente, con cara de pasmo, no sabe qué decir. El barman, con la audacia que solo puede proporcionar una ignorancia importante, culmina la hazaña añadiendo alegremente una rodaja de limón al brutal copazo. «¿Qué pasa? -larga con soltura- ¿Es vodka con limón, no?».

Los tragos los carga el diablo o un tabernero inconsciente como el de la escena anterior. Pero degustar un copa, con todas las precauciones debidas, nada debe tener que ver con la búsqueda de una ebriedad estúpida en el menor tiempo posible. El caso que nos ocupa es lo suficientemente esclarecedor. El gin-tonic tiene un doble origen, como su nombre compuesto indica, en ambos casos relacionado con propósitos terapéuticos. Por un lado, el joyero alemán Jacob Schweppes, afincado en Ginebra, constituye una compañía en Londres que llevará su nombre y en el siglo XIX acabará añadiendo quinina a un agua carbonatada de naranja. Tenemos la tónica. Dos centurias antes, el médico holandés Franciscus Sylvius experimenta con un aguardiente de cebada malteada y cereales, aromatizándolo con enebro. Busca un remedio contra las afecciones renales, al que denomina Genievre . Las tropas británicas destacadas en la India darán el paso final, combinando ambos productos en un intento por combatir la malaria.

En Vilagarcía, como en tantos otros lugares, existe un puñado de locales en los que es posible probar un gin-tonic bien hecho. Coco es uno de ellos. También el pub Dolce Vita, que regenta Jesús Lindner, formado en el centro superior de hostelería de A Barcia. Nada que ver con el desquiciado escanciador ferrolano. «Se trata de servir una copa cuidada, no de otras cosas», razona Jesús, quien confirma una impresión generalizada. «Se nota que el gin-tonic está de moda, la gente más mayor lo ha tomado desde siempre, pero cada vez más clientes jóvenes lo piden». Es más, en bodas y eventos no es extraño comprobar que cáterings y restaurantes instalan dos barras; una exclusiva para el cóctel enébrico y otra para el resto de las copas.

Las marcas se multiplican. A las clásicas londinenses como Gordon's, Larios y Beefeater les comen terreno las Bombay Sapphire, las Hendrick's, las Citadelle o las Gvine, estas últimas de factura francesa. «Su secreto está en las especias, el cilantro, el cardamomo, la ralladura de piel de naranja, incluso la almendra, que hacen de ellas un producto más aromático, menos duro». Las tónicas han experimentado una proyección similar, tal vez con la Fever Tree como potencia emergente. No obstante, la Schweppes, que dio origen a todo esto, mantiene una salud excelente. «Es muy equilibrada», reconoce Jesús. El pepino, las fresas, la manzana, la sandía o la lima dan el toque final y distinto. Quién diría que, hace unos años, los taberneros usaban el gin para dar brillo a sus barras. Hoy alivian con él los bolsillos de la clientela.