La isla de Carril es la única del parque nacional que no dispone de comunicación estable con tierra. Una balsa de bazar chino es suficiente para asaltarla. Demostrado
25 jul 2010 . Actualizado a las 10:23 h.La cosa no comienza del todo bien. Una vez desembalada, la balsa adquirida horas antes en un bazar oriental de Vilagarcía desvela una denominación poco tranquilizadora: Challenger I , el nombre del transbordador espacial que explotó en pleno vuelo nos amenaza, tatuado desde uno de sus laterales. La etiqueta no invita al optimismo. Mucho menos cuando ha transcurrido media hora de presión sin pausa en la gasolinera de Carril y la tercera cámara de la embarcación no acaba de inflarse. Qué más da. Siendo su factura la que es, habría que echar cohetes si todo funcionase como es debido. Los cronicones célticos sostienen que el hijo de Breogán fue capaz de navegar montado a caballo entre A Coruña e Irlanda. La televisión documenta al nadador David Meca mientras traza, tan pancho el hombre, tan sonriente y a su aire, brazadas kilométricas, algunas de ellas xacobeas pagadas a precio de cigalas en Marín, con un lote de plátanos por todo combustible. No hay razón para pensar que nosotros no podamos asaltar por nuestra cuenta la isla de Cortegada, la única del parque nacional de las islas atlánticas que no dispone de una línea más o menos estable de catamaranes. Y además por cuatro duros.
La aventura comienza en el embarcadero de A Rosa, junto a la mítica conservera Malveiras, hoy abandonada. Pasan unos minutos de las tres de la tarde. Es el momento en que la marea está más alta. No habrá otra oportunidad. Sopla una nortada que mete miedo. Ahora o nunca. El patrón mayor de Carril, Fernando Franco, se acerca a despedirnos entre estupefacto y atragantado por la risa. «O que ides conseguir é que mañá estea isto cheo de xente con lanchiñas tentando chegar a Cortegada». Sus ánimos son lo último que escuchamos antes de fletar nuestro Challenger y dar las primeras paladas. El remo, también de buena y vieja manufactura china, es en realidad una única pieza diseñada para una piragua. No importa. Dividido entre dos buenos mozos, el instrumento nos impulsa hacia la isla soñada. Estamos navegando.