El petróleo del golfo no lo tendrá nada fácil para alcanzar las costas europeas. Le espera un trayecto de seis mil kilómetros en el que irá degradándose y envejeciendo de forma progresiva. Antes de dar el salto al océano por el canal del sur de Florida y Cuba, el crudo que sale de la plataforma, de una gran pureza, perderá una gran parte de sus elementos. El 35% de sus componentes, los más ligeros, se volatilizarán. Entre otro 10 y un 15% se diluirá en el agua. Queda en torno a otro 50%, que se emulsionará con el agua. Es su fracción más pesada, la que puede llegar a Europa, aunque muy dispersa y en forma de pequeñas bolitas de chapapote.
El químico Joan Albaigés, que participó en la lucha contra la marea negra del Prestige y asesoró al gobierno de México en la de la bahía de Campeche en 1993, es escéptico, sin embargo, sobre la posibilidad de que este episodio ocurra. «Es una hipótesis que se maneja ?-señala-, pero, sinceramente, no creo que pueda suceder». ¿Por qué es difícil que ocurra? «Por la distancia, el tiempo necesario y porque, en su caso, sería en forma de diminutas galletas, prácticamente imperceptibles, que no estarían en la superficie, sino sino dispersas en el agua», responde.