Albert Szent-Györgi, bioquímico y premio Nobel, escribió: «Mi carrera científica fue un camino desde lo complejo hasta lo sencillo, guiado por el deseo de comprender la vida. Fui de los animales a las células, de células a bacterias, de bacterias a moléculas, de moléculas a electrones. La historia tiene su ironía, ya que las moléculas y los electrones no tienen vida. En mi camino, la vida se escurrió entre mis dedos». Esta hermosa descripción revela nuestro desconocimiento de la esencia de la vida. ¿Dónde está la frontera entre lo animado y lo inanimado? La respuesta a esa pregunta, quizás la más importante y difícil de la biología, está en el origen de la vida, hace millones de años.
Pensemos en cómo pudo originarse una célula, que es un sistema complejo altamente ordenado, y que ese sistema tuviese vida, es decir, la capacidad de reproducirse y evolucionar. El origen de la primera célula a partir de materia inanimada tuvo que producirse al azar, sin un programa establecido, o quizás, por la intervención de un ente superior llamado Dios. ¿Cómo sucedió este proceso? Podemos explicar el origen de las moléculas a partir de los átomos y cómo se formaron algunas estructuras celulares complejas, pero sabemos muy poco de cómo se estableció el flujo de la información genética y cómo esa información, a través de las proteínas, hizo posible la coordinación del metabolismo celular. Y mucho menos, podemos explicar cómo se originó la primera célula. Este es el mayor enigma de la biología y, al igual que con el origen del universo, podremos elaborar teorías, pero creo, humildemente, que nunca conoceremos la verdad completa de lo acontecido.
El trabajo de Venter es un notable avance biotecnológico que sirve para definir cuál es el genoma mínimo que necesita un microorganismo para funcionar y abre la posibilidad de programar genéticamente células; como todo logro, puede utilizarse en positivo o con finalidades perversas, pero de esto último no tiene culpa la investigación, sino las personas que hagan mal uso de ella. Con este descubrimiento no se crea vida artificial ni se consigue una célula sintética, ya que utiliza una célula natural a la que se le introduce un genoma fabricado a imagen y semejanza de uno natural. Este avance ayudará en la búsqueda de la respuesta a la gran pregunta, pero la explicación de qué es la vida y cómo se originó vendrá de la mano de la Ciencia y de la Filosofía, que busca respuestas a las grandes preguntas de la humanidad.