Apenas cinco años después de la llegada del Katrina la industria turística de Luisiana vuelve a sufrir un nuevo envite por culpa del derrame.
Mike Ellis, el dueño de una empresa de pesca deportiva en Venice, Luisiana, sabe bien lo que la naturaleza y el hombre pueden afectar a su cartera. Hace cinco años el huracán estuvo a punto de dejarle sin negocio y se llevó todos sus ahorros. Fue la primera vez que el destino le retó. La segunda ocurrió hace apenas tres días cuando las autoridades portuarias decidían cerrar un 90% de las aguas de la pesca deportiva por miedo a una marea negra. La noticia de que una mancha del tamaño de Valencia se dirigía a la costa caía como una bomba en la industria turística del Estado sureño. «Es más, este se suponía que este iba a ser nuestro primer verano desde Katrina sin pérdidas. El primero para disfrutar de verdad y ganar dinero», asegura Mike, quien sabe además que «la llegada del petróleo va afectarnos durante mucho más tiempo que el huracán».
Según las primeras estimaciones, se calcula que el Estado de Luisiana podría perder hasta 2.500 millones de dólares en el primer año, y aunque BP anunció que correrá con los gastos, pocos confían en que el gigante cumpla con su palabra después de la experiencia post-Katrina.
«No queremos que pase lo mismo. Necesitamos la ayuda ya, no dentro de 3 meses o dentro de cinco años porque lo cierto es que nuestras facturas no pueden esperar», afirma Mike, quien reconoce además que «por si acaso ya he llamado a otros puertos de Florida para decirles que estoy disponible».
?¿Obama?, ¿quién?
Pero no todo el mundo parece dispuesto al exilio en esta pequeña comunidad turística donde para encontrar una farmacia de guardia hay que conducir más de una hora y donde la sola mención de Obama consigue levantar ampollas. «¿Qué hoy viene Obama?, ¿quién?» pregunta sarcástico el guía turístico Peter Young quien sigue siendo benevolente con la industria petrolera: «Si me preguntas a mí yo creo que no es culpa de nadie, los accidentes pasan y el petróleo es necesario», para añadir: «Esto no es Nueva Orleans, aquí nadie espera que el Estado le pague sus facturas».