El cupón del jueves, con el número 90645, repartió 1,47 millones entre 42 familias del barrio obrero de San Valentín
01 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.«O san Pancracio ese que tes aí deuche sorte», decía ayer una residente en el barrio de San Valentín (Fene) a su tendero de referencia, Gumersindo (Sindo para sus vecinos) Lourido, de la tienda-estanco Lourido, ubicada en el bloque cuarto de la barriada. Allí salpicó el sorteo de la ONCE del jueves a 42 familias que «levan todos os días» los cupones de su establecimiento. Conchi es una de las vecinas premiadas que, con cuentagotas, fueron desfilando por la tienda para comprar la barra de pan del día y celebrarlo en petit comité. «Es que soy de alegría contenida», argumenta la agraciada. Pero, como sucede a menudo en barrios obreros como el fenés, históricamente vinculado al antiguo astillero Astano (ahora Navantia Fene), enseguida se propagó la noticia. A Conchi le llegó el eco la misma noche del sorteo: «Miré en Internet y vi que era el mío», señala. Pero, al igual que a muchos de sus vecinos, ya le tocó antes compartir un premio de semejantes características repartido en el mismo establecimiento. «Fue en agosto, hace once años», recuerda Sindo, quien explica que cada uno («tamén eramos uns corenta», apunta) se llevó unos cinco millones de pesetas. Ayer se barajaban las mismas cifras. Y es que a cada uno de los cupones les correspondían 35.000 euros hasta sumar los 1,47 millones que la suerte dejó caer en Fene. «E só foi un cupón por persoa», añadía el tendero. Eso sí, «da outra vez celebrámolo máis». Pero, en esta ocasión, la alegría la llevaba por dentro. «Teño á miña nai hospitalizada», lamentaba. Todos los días, Sindo encarga un número a Olga Saavedra, una de las loteras que deambulan por Fene. Y es ella la que explica que no hay ninguna preferencia, sino que le piden «el que caiga; menos los viernes, que quieren uno que acabe en nueve». Olga lleva 23 años por el barrio y ha visto celebrar, con este, dos premios importantes que han pasado por sus manos. «¡Ay, qué alegría!», exclamaba al encontrarse con el tendero. «La media de edad de los que compran el cupón -añade- pasa de los cuarenta años, aunque también hay jóvenes» que se han llevado ese pellizco que otra vecina utilizará para concederle un capricho a su nieta («pero no me pongas el nombre, que es una sorpresa», decía). «Y también hay algunos que se llevan el premio a medias», dice la cuponera. Las felicitaciones se sucedieron durante el día en la tienda, incluso la de una vecina que decía: «Ayer no pude venir a comprarlo»... y se quedó con lo puesto. O las de aquellos que vacilaban al tendero con un «¿non terás algún cupón que che caese debaixo do mostrador?».