Los misteriosos silencios de Pío XII

SOCIEDAD

El Vaticano, en medio de una polémica que solo terminará con la apertura de sus archivos, conduce a los altares al Papa que gobernó la Iglesia durante el Holocausto

21 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

En torno a la figura de Pío XII, todavía tan envuelta en el misterio, hay algo que ha dejado de ser un secreto esta misma semana. La Santa Sede investiga la veracidad de una curación, al parecer milagrosa, lograda tras haberle rezado al Pontífice que gobernó la Iglesia durante el Holocausto. Y eso quiere decir, como a nadie se le oculta, que el proceso que lo llevará a los altares, tras haber sido declarado venerable por Benedicto XVI, se está acelerando. Un proceso envuelto en una polémica especialmente agria, toda vez que un amplio sector de la comunidad judía sigue cuestionando el papel jugado por Pío XII durante el nazismo. Polémica que, en cualquier caso, solo podrá acallar la apertura de los archivos vaticanos.

Anoche, una de las más relevantes personalidades intelectuales de la Iglesia hispana -un buen conocedor de los archivos vaticanos- no atendía la petición de comentar públicamente este proceso: «Prefiero no decir nada sobre ese asunto -señalaba-, porque es muy complejo y muy polémico. Yo también creo que habría que abrir de una vez los archivos, para que se conozcan todos los documentos sobre esa etapa, y por supuesto las cartas que escribió y que recibió. Pero mientras no se haga eso, que nada tiene que ver con el expediente de su beatificación, la polémica continuará. Porque el malestar entre los judíos -añadía-, es muy grande, y así lo demuestra que se lo hayan transmitido al Papa tanto cuando fue a Tierra Santa como a visitar la Sinagoga de Roma. Esos gestos no son casuales». La misma fuente añade que si efectivamente «el comportamiento de Pío XII fue ejemplar, y si envolvió en silencio su lucha contra la persecución de los judíos para evitarles males mayores, sería importante dejar que el mundo lo sepa ahora».

El papel de Ratzinger

Pero hay alguien que sí conoce muy bien, ya, todos esos documentos: Ratzinger. El actual Papa, que antes de llegar al solio pontificio estuvo al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe. La figura fundamental de la teología del siglo XX. Y uno de los más grandes pensadores europeos; calidad, esta última, que ni sus mayores detractores le discuten.

Benedicto XVI sí conoce a la perfección el papel jugado por Pío XII durante la persecución a los judíos. Y dice, sin que la voz le tiemble, que «abrió sus brazos para socorrer a los hebreos» cuando los feroces jerarcas nazis los perseguían para enviarlos a las cámaras de gas.

Frente a Hitler y los suyos

Además, cuando Ratzinger habla del nazismo, también lo hace con perfecto conocimiento de causa. Su padre, hombre profundamente católico, fue un policía contrario a la ideología nazi que sufrió las consecuencias de esa actitud. Y el propio Benedicto XVI, siendo todavía un adolescente, fue uno de los seminaristas que las tropas alemanas reclutaron a la fuerza en los últimos momentos de la contienda. No llegaron a enviarlo al frente, y de hecho él y sus compañeros formaron parte de una guarnición que custodiaba una instalación de tercer orden de un escuadrón antiaéreo, pero aun así abandonó las filas del Ejército (y sin despedirse, tampoco eso es ya secreto alguno, él mismo lo ha contado por escrito) en cuanto tuvo la primera ocasión. Solo la casualidad, la suerte o llámesele como quiera, lo libró de una catástrofe, cuando, mientras se aproximaban las tropas aliadas, regresaba a su casa a pie, tratando de evitar los controles de carretera.

Ratzinger, cuyos libros tampoco permiten albergar duda alguna sobre su afecto por el pueblo judío, y que ha rendido un emotivo homenaje a la memoria del millar de judíos romanos que perecieron en los campos de extermino nazis, elogia el «coraje» de Pío XII. Aunque otras personalidades, como Riccardo Pacifici, presidente de la Comunidad Hebrea de Roma, sostienen que «el silencio de Pío XII frente a la Shoa [Holocausto] todavía duele».

Los trenes de Auschwitz

Afirma Pacifici que si Pío XII hubiese alzado la voz de forma más clara contra el nazismo, «quizá no habría parado los trenes de la muerte, pero habría mandado una señal, una palabra de extremo consuelo, de solidaridad humana» para los «hermanos que estaban siendo trasladados a Auschwitz».