La vida del espacio en la Tierra

La Universidad Autónoma de Barcelona desarrolla un proyecto para solventar las dificultades de un vuelo a Marte, desde la producción de oxígeno al cultivo de alimentos


Los científicos calculan que para llegar a Marte necesitaríamos mil días de travesía, y para que una tripulación de unos seis astronautas sobreviva todo este tiempo, unas 30 toneladas de alimento. Las naves espaciales de hoy no están preparadas ni de lejos para llevar tal peso, por ello se estudian alternativas que no solo resuelvan estas incógnitas, sino también qué hacer con los desechos y cómo producir oxígeno.

El proyecto Melissa y su planta piloto, ubicada en la Universidad Autónoma de Barcelona, intenta dar una respuesta en conjunto a todas estas preguntas creando un ecosistema cerrado en el que se completa un ciclo de producción y consumo de oxígeno y se autogeneran los alimentos necesarios para la dieta de los astronautas, a partir de los residuos orgánicos generados. Melissa (Micro-Ecological Life Support System Alternative) está inspirado en el ecosistema de un lago y esta teoría, con 20 años de estudio a sus espaldas, se ha plasmado, tras un decenio de preparación específica, en una planta piloto a escala de una persona en la que se simulará las condiciones de vida de un vuelo espacial.

La Agencia Espacial Europea (ESA), líder en este campo de investigación, y la Escuela de Ingeniería de la UAB (ETSA) están detrás de este proyecto, que se ha convertido en el primer sistema europeo de tecnología de soporte de vida en el espacio. En unos 214 metros cuadrados se distribuye todo lo necesario para realizar la segunda fase de Melissa, la de estudio de los diferentes reactores que generan alimento (algas y plantas), agua, oxígeno, procesan los residuos y el C02, y el compartimento aislado para albergar 40 ratas (equivalentes a una persona en consumo de oxígeno).

«La originalidad del proyecto Melissa respecto a otros campos de investigación es que proponemos un sistema biogenerativo que responde a todas las problemáticas que se nos presentan a la hora de pensar en un vuelo espacial de larga duración: el oxígeno, el agua, los alimentos y los residuos», explica Arnaud Fossen, representante de la ESA en la proyecto Melissa, uno de los ocho científicos de la planta y de las más de 70 personas involucradas en la iniciativa global, entre universidades internacionales y empresas grandes y pequeñas. «Este es un proceso muy complejo y de larga duración», expone Francesc Godia, director del laboratorio Melissa, a lo que añade: «De aquí a que podamos ver esta tecnología en el espacio transcurrirán bastantes años, y antes de llegar a Marte, cuya fecha prevista es para el 2030, seguramente pasaremos por la Luna. Lo que sí es seguro es que mucho de lo que estamos investigando aquí ahora terminará en el espacio».

Godia también apunta el coste elevado de un proyecto de estas características, 1,2 millones de euros anuales para la planta, entre personal, mantenimiento y los reactores. Para ello no solo cuenta con el apoyo del Ministerio de Ciencia, la Generalitat de Cataluña o la ESA, sino también diversas entidades de los estados miembros de la ESA.

Otras aplicaciones

Enrique Peiró, director técnico, añade un dato más respecto a la importancia de las investigaciones que se están realizando en Melissa: «Lo increíble de este proyecto es que comparte características en cuanto a control de calidad y tecnología con muchas otras industrias, como, por ejemplo, la farmacéutica. Con lo que generemos aquí no solo va a servir para ir a Marte, sino que va a redundar en otro tipo de aplicaciones». De hecho, ya podemos ver la tecnología Melissa en la industria del cava, aplicada en la dosificación de levaduras en el proceso de fermentación. También, en Europa, más de 1,8 millones de metros cúbicos de agua se tratan cada día con la tecnología desarrollada en Melissa y se han creado dos compañías spin off, una de las cuales comercializa sistemas para reducir el colesterol. Además, estas también se aplican en el seguimiento de la biocontaminación del vehículo espacial ATV de la ESA y en el control de la calidad ambiental microbiana del aire y del agua en la estación espacial internacional.

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