«Se siente una soledad y una indefensión absolutas»

La Voz

SOCIEDAD

20 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

El 15 de marzo del 2007 la madre de un alumno del colegio de Os Tilos, en el concello de Teo, insultó y amenazó al director del centro, Arturo Álvarez, para posteriormente coger una taladradora de papel y lanzársela. Además, la progenitora se abalanzó contra el director, lo cogió de los pelos e incluso le dio patadas. Un juzgado de Santiago la condenó a un año de cárcel, mil euros de indemnización y el pago de las costas procesales.

Detrás del relato frío de los hechos hay además soledad, presión, miedo e indefensión. Arturo asegura con rotundidad que «se siente una soledad y una indefensión absolutas». Y eso que recuerda que tuvo un apoyo unánime del claustro, la directiva de la APA y el consello escolar. «Percibí el apoyo de todos», dice, aunque no pueda ampliar este sentimiento a los sindicatos -ninguno se puso en contacto con él- ni a toda la Administración. Sí recibió llamadas y apoyo de algunos responsables educativos, no de todos, pero apenas recibió asesoramiento legal, «y además te piden bastantes explicaciones».

En el caso ocurrido en el colegio de Os Tilos la situación se volvió más insoportable debido a la presión que ejerció posteriormente la madre acudiendo al centro a menudo y remitiendo numerosos comunicados y escritos. «Me ponía como culpable, me cuestionaba, era una situación tensa. A nivel personal, aparte del daño moral, también te crea problemas profesionales, familiares e incluso sociales, ya que siempre hay gente que lo banaliza o dice: algo habría hecho».

Arturo Álvarez reconoce que su colegio es tranquilo y que casos como el suyo son, afortunadamente, aislados. No obstante, recuerda que hay muchos casos de amenazas y agresiones que no se denuncian. Partidario de poner en marcha medidas educativas y sociales para reducir la conflictividad en las aulas, Álvarez critica que haya un cuestionamiento de todo lo que hace el profesor.

Autoridad

En su caso, el hecho de que la agresión se cometiese contra un funcionario público en el ejercicio de su función agravó la condena, al considerarse un atentado contra la autoridad. Aunque admite que no es la única solución a este tipo de conflictos, el hecho de acarrear penas de cárcel sí es un elemento de disuasión. «Lo que no puede ser es que se agreda y no pase nada», apunta.