Después de dieciséis años de fiesta gastronómica en torno al pulpo, quiso el azar que el periodista Santiago González, ejerciendo de pregonero, diera con la denominación idónea para el cefalópodo, al tratarlo como «príncipe de las mareas»; y como todo heredero real tiene su principado, por derecho corresponde a Porto do Son la responsabilidad de sustentar a tan alta autoridad provista de tres corazones y ocho cerebros conectados a uno central, detalles todos que desmenuzó el informador para dejar boquiabierto al público con las excelencias culinarias, históricas y literarias de la especie.
Y como principado que, desde ayer, es el municipio sonense, en torno a cinco mil súbditos rindieron honores a tan alta majestad dispuestos bajo carpa, que se quedó escasa, al menos en la presidencia, donde también sufrieron los avatares de la acumulación de comensales y tuvieron que esperar por las raciones más de la cuenta.
Un especialista, como lo es Veloso, pulpeiro de Ponte Ulla, se aprovisionó de tres toneladas de cefalópodo, que preparó á feira. El druida , a primera hora, daba por hecho que no se consumirían los tres mil kilos de polbo , pero por la tarde ya dejaba caer un «vai indo», como si presintiera que la jornada acabaría en otro éxito gastronómico.
En paralelo a la carpa para degustar el pulpo, se celebra en O Son la Mostra da Cultura Mariñeira, en la que podía contemplarse la réplica de un secadero de pulpo, con doce ejemplares en pleno proceso de elaboración; y una prensa de sardinas, precursora de la industria conservera.