En la corte del «Doctor Milagro»

SOCIEDAD

Pedro Cavadas convierte La Fe, de Valencia, en el epicentro experimental de la medicina en España, con hitos como el implante bilateral de antebrazos y manos

20 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Admirado por una mayoría de devotos que lo conocen como Doctor Milagro y denostado por una minoría de detractores que lo apoda Doctor Frankenstein, Pedro Cavadas (Valencia, 1965) es el hombre de moda en la medicina española después de realizar el primer trasplante de cara en el país, un mérito más en la larga lista de hitos de la experimentación clínica que adornan su fulgurante carrera y una victoria innegable en una carrera inconfesa entre tres hospitales.

Cum laude

por la Universidad de Valencia, coordina hoy una nutrida unidad de microcirugía y cirugía reconstructiva en el Hospital La Fe, que ha contribuido a convertir en referencia del trasplante y la experimentación desde una particular máxima profesional que defiende que «todo es válido en un quirófano». Con ese argumento ha justificado sus audaces y complejísimas intervenciones; algunas, pioneras en el mundo, como el implante bilateral de antebrazos y manos en una mujer, realizado en diciembre del 2006. Un equipo de cirujanos extraía los miembros de un cadáver, mientras otro se los colocaba a la paciente, de 46 años.

Más tarde llegaría la reconstrucción y posterior reimplante del brazo de una joven, quebrado en cuatro fragmentos por una trituradora de ajos, o la innovadora transferencia cruzada de mano de junio del 2007. Esa intervención supuso convertir una extremidad derecha en izquierda, para lo que fue preciso amputarla, trasplantarla al muñón del brazo contrario y cambiar el pulgar de posición para que fuese funcional.

En el 2008, Cavadas volvió a sorprender con un reimplante del tobillo izquierdo en la pierna derecha, tras mantenerlo injertado en la ingle del paciente durante nueve días para no perder la extremidad, y en noviembre de ese año acometió el segundo doble trasplante de brazos del mundo. El paciente, en ese caso, era un joven de 28 años que los tenía amputados.

La fundación que lleva su nombre permite a Cavadas defenderse desde la filantropía de los furibundos ataques de sus detractores. Entre ellos, algún que otro paciente despechado que asegura que no puede ni abrocharse los pantalones con sus nuevas manos.

Desde el año 2003, el cirujano abandera proyectos humanitarios en el oeste de Kenia, como el de los niños de Bungoma. En uno de sus viajes por África descubrió un grupo de menores vírgenes con los penes mutilados por curanderos que elaboran con ellos pócimas con las que, supuestamente, curan el sida. Para esos niños, la cirugía reconstructiva es gratuita, incluido el traslado a España en el caso de las intervenciones más complejas.