Manolo Escobar actuó anoche en Ordes y se prepara para viajar a Alemania; ?su equipo es una familia tan bien avenida que dan ganas de marcharse con ellos
18 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.«En casa soy como un espíritu incómodo, necesito moverme por ahí, viajar». Manolo Escobar no para. También es cierto que para el dueño del carro robado más famoso del mundo, la suya es una profesión lo suficientemente agradecida como para dedicarle todo el tiempo posible.
Anita Marx, su mujer, se queda en el chalé Porompompero, de Benidorm, donde ambos tienen fijada su residencia desde principios de los noventa. Si no fuera así, los perros que tienen en la casa aullarían toda la noche, que por algo son los canes de un artista de la talla del hijo de Antonio y María del Carmen.
Pero Manolo no está solo, ¡ole la rima! Anoche cantó en Ordes y estuvo acompañado, como siempre por un puñado de personas que son su familia portátil: su mánager y sobrino, Gabriel García Mármol; su road manager, Alicia Pacín; su técnico de sonido, Santi Chicharro; y el pianista Guillermo Marín.
Manolo bebe Coca-Cola Zero; se cuida mucho desde que lo operaron del corazón. «¡Alicia y Santi -bromea- son como dos granos que no te los curas nunca». Y Chicharro, lejos de estar ofendido, dice que trabajar con Escobar «es lo más grande que me ha pasado». «Para decir tonterías no sigas hablando», le replica el maestro. Y el técnico se deshace en elogios: «Aunque él es del Barça y yo del Madrid, es el único artista que confía en ti. Si no fuera así, no estaría con él».
Alicia tampoco se queda corta; se les ve tan encantados de trabajar con Manolo Escobar que casi dan ganas de subirse a su carro, aunque sea a hacer los coros del Porompompero. Manolo interrumpe: «Alicia, tú di que soy un impertinente». «Para nada, es encantador, cariñoso, ¿qué te voy a decir?», responde ella.
Chicharro cree que conviene diferenciar entre «famosos y artistas», y a Manolo lo mete en el segundo paquete. Escobar dice que es muy fácil tener contenta a la gente: «Solo hay que darles lo que quieren de ti, y yo trato de dárselo siempre; el público y yo somos un matrimonio que nos llevamos muy bien».
De repente, una camarera joven del Hotel Tryp San Lázaro, Olalla, le pide al maestro si puede firmarle un par de autógrafos para dos compañeros de trabajo. Faltaría más: «¡Dime un nombre, cielo!»
-¿Se lo dedicas a Dani?
-Hecho. ¿Cuántos años tiene Dani?
-Tiene 24, fue jefe de cocina aquí. El otro para Ana, por favor, que tiene 20.
Quizás a este tipo de cosas se refiere también Manolo Escobar cuando dice eso de «darle a la gente lo que quiere».
Olalla se marcha contenta y el jefe y su equipo aprovechan la anécdota para demostrar que el fenómeno Manolo Escobar traspasa generaciones: «Lo quieren la abuela, la hija y la nieta», explica Alicia.
-¿Y te siguen más las mujeres, Manolo?
-Pues, la verdad, te diré que, aunque soy una persona que le gusta mucho a las mujeres, eso no le ha molestado nunca a los hombres.
Sobre la gira de este verano, cuenta que habrá hecho un 35 o un 40% menos que el año pasado, «pero es que hay gente que tiene un ochenta o un noventa por ciento menos de dinero», aclara Escobar. Entre los planes inmediatos, Manolo quiere cantar en Alemania, donde la colonia española lo adora.