La viveirense subida a San Roque fue casi campo a través

La Voz

SOCIEDAD

17 ago 2009 . Actualizado a las 02:10 h.

Viveiro tiene como copatrón a San Roque, que se venera en una capilla situada en lo alto del monte. Lo suyo es acabar la noche, o empezar el día, según se mire, recorriendo a pie el empinado trayecto que hay desde el casco urbano hasta el mirador para asistir a la misa y a la procesión y, si se quiere mantener la tradición, tomar el chocolate con churros.

Muchos llevan ambos productos de casa y otros los compran en alguno de los establecimientos locales donde, por cierto, se prepara todavía un pan y una repostería de primera.

Pero desde que se prohibieron las acampadas, el número de jóvenes que hacen la subida al monte de la tonadilla Catro vellos mariñeiros es cada vez menor. El personal, que antaño abarrotaba el área recreativa donde se ubica la capilla, prefiere quedarse en Viveiro, consumiendo el último calimocho de la noche. Y es principalmente la gente mayor la que se pega la paliza de subir las empinadas cuestas a pie, a veces tirando por los niños de la casa, que tratan de incorporar a la tradición. El truco es tomar los senderos que cruzan el monte para atajar y no tener que hacer todos los kilómetros que hay por carretera. El problema, este año, es que entre las talas de madera, el paso de los tractores y el abandono del monte, muchos de esos senderos quedaron cortados o anulados y hubo gente que acabó subiendo campo a través, simplemente cada cual por donde podía y tratando de abrirse camino en la dirección correcta.

Hubo familias que apostaron por mitad y mitad; o sea, los mayores hicieron a pie la ruta, llevando las vituallas, mientras los jóvenes se trasladaban en coche, para tomar posesión de la mesa. Sobre gustos no hay nada escrito, algunos hubo que en vez de darse a los churros se decantaron por el bocata de criollo.