Una placa de hogar utilizada para hacer fuego hace 250.000 años, en el Paleolítico inferior, ha sido descubierta en el yacimiento de Irikaitz, situado en el municipio guipuzcoano de Zestoa, un hallazgo que podría arrojar luz sobre la capacidad que el Homo heidelbergensis tenía para utilizar el fuego.
El director de estas excavaciones, Álvaro Arrizabalaga, explicó que se trata de una pequeña estructura circular claramente «intencionada» de aproximadamente un metro de diámetro, con componentes de basalto y otro tipo de minerales que tienen cualidades refractarias, lo que los hace idóneos para aprovechar el calor del fuego.
Algunas de estas piedras aparecen «quemadas intensamente». Además, los restos se encuentran cerca de otra estructura que podría haber sido utilizada como «paravientos» o como parte de una choza, una ubicación adecuada para mantener vivas las llamas.