Una vecina de Padrón invita al equipo de valoración a que viva una jornada con su hija para que vea sus necesidades reales
20 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.«Que veñan á casa e que pasen un día enteiro coa miña filla». Quien habla así es María del Carmen Magán Piñeiro, una vecina de Padrón que está «moi cabreada e dolida» por la valoración que la Xunta hizo de la dependencia de su hija Laura, de 25 años, afectada por una artrogriposis múltiple congénita (nació sin músculos, dice la madre), que le provocó malformaciones que requirieron intervenciones quirúrgicas a lo largo de su vida y que la mantiene atada a una silla de ruedas. En diciembre del 2007, la Xunta le concedió la valoración de dependiente en grado II, nivel 1, con lo que, según su madre, le reconocen que «ten dependencia de alguén dúas ou tres veces ao día, cando non é así».
La familia presentó dos recursos contra dicha valoración, ambos denegados, por lo que está enormemente disgustada, a la vista de las necesidades que tiene la joven y que obligaron a María del Carmen a dejar su trabajo por horas.
Recluida en una silla de ruedas, con un brazo mal y un hierro a lo largo de toda la columna, Laura necesita ayuda, por ejemplo, para moverse de su silla e ir al baño (varias veces al día) o a la cama. Además, padece ataques de epilepsia. La familia asegura que no pide dinero, pero sí una persona para cuidar a la joven de modo que la madre pueda ir a trabajar, «e ganarme a vida», dice María del Carmen.
Por ahora, la joven no recibe nada por la dependencia que tiene reconocida, aunque María del Carmen se pregunta «de que me serven os cartos se estamos atadas unha á outra e a rapaza necesita outras alternativas, necesita ser independente de min», algo que sería posible cuando sí tiene reconocida la prestación del servicio de transporte 065.
«Non queren ver, non lles interesa ver que a miña filla necesita unha persoa as 24 horas», añade la madre, quien explica que, para volver a trabajar, tendría que ponerle un pañal a Laura y atarla a la silla para que los ataques de epilepsia no la hagan caer. Algo que no va a hacer.
«É moi inxusto», dice la madre mientras la hija añade: «Se eles tiveran un fillo na miña situación, iban mirar por el ben mirado», afirma en alusión a las personas que componen el equipo de valoración de las personas con dependencia. María del Carmen recuerda que cuando su hija estudiaba en un instituto de Padrón tenía siempre una cuidadora, por lo que no entiende por qué la Xunta no le reconoce la dependencia que sí ven los médicos de la joven.
«Aparte do diagnóstico médico, hai un día a día, hai unha tarea diaria con ela moi grande», explica la madre, quien insiste, al igual que la propia dependiente, en que esta necesita tener «máis autonomía» para seguir con su vida, ya que, por ejemplo, si quisiera continuar estudios tendría que ir su madre con ella para ayudarla a ir al baño.
«O que a ve sentadiña na silla pensa que pode facer moitas cousas, pero non é así, que veñan e que o comproben», dice la madre. «Si, que veñan e que vexan o traballo que ten todos os días miña nai comigo», añade la hija.