Los pueblos más pequeños del entorno, sin servicios básicos


La presencia de la nuclear en el valle burgalés de Tobalina ha servido para situar a la localidad de Quintana Martín Galíndez, a cinco kilómetros de la central, en un nivel de desarrollo muy superior al de pueblos de su nivel que no recogen en su término municipal instalaciones tan peligrosas como las levantadas por Nuclenor.

Esta localidad, que reúne a 350 habitantes, es la cabeza central de un valle, en el que hay 1.023 censados, y en ella se ubican una moderna sede del Ayuntamiento, una cuidada residencia para personas mayores y unas piscinas municipales que ya las querrían para sí algunas grandes ciudades. Todo ello es producto de los impuestos que abona la central al consistorio, que sirven para disponer un pueblo muy bien urbanizado.

Pero esta bonanza municipal no se ve igualmente representada en la mayoría de los 33 pequeños pueblos, de ellos 28 son pedanías, que integran el valle de Tobalina. Así, mientras Quintana presume de su buena y distinguida urbanización, localidades como Santa María de Garoña o Garoña, entre otras, echan de menos algo tan simple como calles en las que se diferencie la carretera de la acera. De ahí las quejas de algunos vecinos.

«El supuesto beneficio de tener una central en la puerta de tu casa lo están disfrutando algunos, pero no en Santa María de Garoña, donde las calles del pueblo están fatal. Solo por dar el nombre a la central deberían prestarnos los servicios necesarios. Pero no hay manera. Aquí solo se benefician unos cuantos, principalmente los que trabajan en la central. Y la mayoría viven lejos de aquí».

Son quejas de Juan Quintana, un jubilado nacido en esta localidad, ubicada a un kilómetro de la central, que tuvo que abandonarla para buscar trabajo en Bilbao. Ahora vuelve a la casa que le vio nacer los fines de semana, puentes y vacaciones. «Aquí no quedamos más de doce familias, y casi ninguna ha sacado beneficio de tener la central tan cerca. Otros que la tienen más lejos sí viven mejor», insiste.

Una opinión parecida defiende el pontevedrés José Sánchez, que a sus 74 años apenas ha visto mejoras en Santa María de Garoña en los 14 años que lleva viviendo allí. El Ayuntamiento de Quintana no ha hecho nada en estos pueblos, ni siquiera ha arreglado las calles. Por eso la central solo ha beneficiado al algunos», señala contundentemente.

Herrán, remodelado

Quienes sí han tenido suerte son los siete vecinos de Herrán, pues han visto como sí ha habido recursos para recuperar la localidad y convertirla en uno de los pueblos más bonitos de la zona, con una casa rural que se ha convertido en otro atractivo turístico. Así lo ratifica su propietaria, Lourdes Velasco: «Hasta hace un par de años, Herrán era un empedrado. Pero el dinero que ha dejado la central ha servido para remodelarlo por entero. Este tipo de medidas son las que hay que tomar para dinamizar la zona. O realizan actividades de este calibre o Tobalina morirá».

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