Enfrentados a la peor crisis económica de su historia, una decena de periódicos centenarios se ven amenazados por el cierre o buscan refugio en Internet
12 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.El pasado 28 de febrero, el periódico de Denver Rocky Mountain News cerraba sus rotativas tras más de un siglo de historia. La despedida se producía apenas 55 días antes de que este buque insignia del periodismo cumpliese su 150.º aniversario. «Hemos intentado por todos los medios llegar hasta este fecha, pero nos ha sido imposible», se disculpaban en su última portada los responsables del medio, al que la falta de publicidad y la caída en picado de las ventas en papel precipitaron a la bancarrota en unos meses.
El caso no es una excepción al norte de río Bravo. Y es que, enfrentadas a la peor crisis económica de toda su historia, al menos una decena de cabeceras afrontan estos días su desaparición en Estados Unidos. Entre aquellos que ya han anunciado su posible cierre se encuentran iconos del periodismo como The Miami Herald o The Boston Globe; un oscuro panorama que ha llevado a muchos analistas a hacerse dos preguntas inevitables: ¿es este el final de la prensa local estadounidense? y ¿pueden los periódicos de Norteamérica sobrevivir en plena crisis financiera?
Para contestar a estas preguntas hay que tener en cuenta varios realidades. La primera de ellas es que la crisis de los medios escritos no responde a la falta de lectores. Muy al contrario, en los últimos años el número de personas que leen prensa a diario se ha multiplicado casi por dos en el país. Sin embargo, y tal y como apuntaba una encuesta reciente realizada por la consultora Pew, la mayoría de estos lectores eligen las ediciones digitales para informarse, y es aquí precisamente donde reside el problema.
Más concretamente, el hecho de que la mayoría de los periódicos decidieran en su día no cobrar por sus ediciones en línea y que confiaran en los ingresos publicitarios como fuente de financiación puede estar ahora pasando factura a la mayoría de las redacciones. «Quienes acostumbraron a sus lectores a creer que la información era un producto gratuito, se equivocaron», dice Walter Isaacson, antiguo editor de la revista Time. Considerado como uno de los gurús en márketing mediático, Isaacson fue uno de los primeros en advertir además la fuerte caída en ventas y suscripciones, «algo que no solo financiaba a los periódicos, sino que les daba además la libertad de no tener que someterse al yugo de la publicidad».
Pagar por leer
A pesar de las múltiples señales de alarma lanzadas desde hace años, la bonanza económica y las altas tarifas publicitarias que cada mes inyectaban dinero fresco en las rotativas hicieron a muchos directivos eludir nuevas formas de ganar dinero. Un despiste que la crisis se encargó de hacer pagar a la mayoría de las empresas atrapadas ahora entre la disyuntiva de cerrar para siempre sus puertas o renunciar al papel, mucho más caro que una edición digital. Aquí es precisamente donde entra en juego la segunda realidad. Y es que en un país donde la gente está dispuesta a pagar casi un dólar por canción cuando se trata de escuchar música, pocos son, sin embargo, los que se rascan el bolsillo para leer un buen artículo. Los motivos de esta reticencia son variados, pero se podrían resumir en tres: la idea de que la información debe ser gratuita, la falta de un sistema de pago fácil y seguro en línea, y la imposibilidad hasta el momento de inventar un formato portátil y cómodo que permita a los usuarios acceder al periódico desde cualquier parte.
Sobre cómo concienciar a la población de que el periodismo de calidad debe ser un bien pagado existen muchas teorías, pero todas pasan por convencer a la gente de que pague por un producto que no va a estar siempre a su alcance. La carrera para inventar el lector digital perfecto ya ha comenzado, empezando por la salida de Kindle, de Amazon, que permite a los internautas leer libros y periódicos desde cualquier rincón del país.