Lejos de reducir el consumo de alcohol, la prohibición provocó el aumento de la corrupción y el crimen organizado en EE.UU.
05 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Estados Unidos celebra hoy los 75 años del fin de la ley seca, fuente de inspiración del cine y la literatura negra. La prohibición, que duró 13 años, entró en vigor en enero de 1920, cuando se aprobó la enmienda 18 de la Constitución. Pronto fue evidente que no se iban a conseguir los resultados esperados. «En general ha aumentado el consumo de alcohol, se han multiplicado los bares clandestinos y ha aparecido un ejército de criminales», comentó en 1932 el millonario John D. Rockefeller, quien había apoyado la veda.
Esta experiencia es citada a menudo por quienes promueven la legalización de la marihuana y otras drogas, pues, después de tres decenios de guerra contra las drogas, en EE.UU. hay casi dos millones de personas en prisión, y el negocio ilegal sigue medrando.
La enmienda 18, que declaró ilegal la producción, venta y posesión de licores destilados, fue resultado de décadas de campañas del llamado movimiento de temperancia, y de los problemas del alcoholismo en una población engrosada por una oleada de inmigrantes. Los promotores de la prohibición la llamaron «el noble experimento» y esperaban que redujese el crimen y la corrupción, resolviese problemas sociales como la violencia doméstica y bajase la carga fiscal de prisiones y albergues para pobres.
La prohibición contó con el respaldo de sectores sociales muy dispares, desde los progresistas que querían mejorar la salud de los trabajadores a la organización supremacista blanca Ku Klux Klan, los grupos feministas, los cristianos sureños y la población negra en áreas rurales.
En 1919, mientras se procesaba la ley, el consumo per cápita de bebidas alcohólicas era de seis litros al año, según un estudio publicado en 1932 por Columbia University Press. En 1922 el consumo llegó a casi 4,5 litros, y en 1929 a cerca de cinco.
La ilegalización tuvo el efecto económico lógico: un aumento de precios de las bebidas que se producían de forma clandestina y se vendían descaradamente. El coste de las bebidas subió rápidamente y la destilación de licores o el contrabando de bebidas desde México, Canadá y el Caribe fomentaron las organizaciones delictivas que darían material a las películas y novelas de gánsteres durante varias décadas. La tasa de homicidios, que en 1920 era de 6,8 por cada mil habitantes, pasó a 9,9 en 1933.
«Los años locos»
La prohibición coincidió con una bonanza de especulación financiera -lo que ahora se denomina una burbuja-; en el frenesí de los años locos medraron pandillas criminales y se hicieron famosos Al Capone y su rival Bugs Moran, que controlaban redes de destilerías, así como los speakeasies (bares clandestinos), en muchos casos adjuntos a los casinos.